La tensión generada por los planes expansionistas de Estados Unidos en Groenlandia está provocando divisiones dentro de la OTAN, según el almirante retirado Juan Rodríguez Garat. Él menciona que la guerra de Ucrania depende en gran medida de la solidaridad entre los aliados, y que la situación se complica con la ambigüedad de Trump respecto a su posición en el conflicto. La magnitud de esta división y sus posibles efectos sobre una OTAN que es crucial para el apoyo a Ucrania frente a Rusia es aún incierta.
Domènec Ruiz, investigador del CIDOB en Bruselas, señala que la crisis provocada por los planes de Trump tiene dos consecuencias inmediatas para Ucrania. En primer lugar, desvía la atención que se le presta a la situación en Ucrania y obliga a los líderes a contemplar simultáneamente dos escenarios peligrosos. En segundo lugar, puede actuar como un factor de presión sobre Europa respecto a su postura frente a Groenlandia, sugiriendo que Trump podría retirar su apoyo a Ucrania si Europa adopta una posición más firme en este asunto.
La posibilidad de un acuerdo entre EE.UU. y Rusia ha sido objeto de especulación desde la cumbre entre Trump y Putin en Alaska el 15 de agosto. Sin embargo, Garat considera poco probable que se llegue a un intercambio de territorios, aunque reconoce que podrían haber discutido el futuro del Ártico, donde Groenlandia es fundamental para los intereses estadounidenses.
Ruiz argumenta que Estados Unidos ha colocado a la Unión Europea en un dilema implícito: si quiere que EE.UU. continúe apoyando a Ucrania, debe ceder Groenlandia. Europa, según él, ha fallado en su estrategia de apaciguamiento a Trump, y sostiene que es fundamental que actúe con determinación para disuadir cualquier intento de anexión de Groenlandia.
El despliegue militar de tropas en la región es visto como necesario por Garat, quien advierte que esto podría provocar represalias de Trump, dado su carácter impredecible y vengativo. Con respecto a Ucrania, el recorte en el suministro de armas por parte de EE.UU. ya se ha hecho evidente, y la Unión Europea ha comenzado a asumir un papel más importante, aprobando un préstamo considerable para apoyar a Kiev.
Ruiz sostiene que la UE está en condiciones de reemplazar a EE.UU. en su apoyo a Ucrania a corto y medio plazo, destacando que la industria de defensa europea se ha vuelto crucial en el suministro de armas. Sin embargo, reconoce que Europa enfrenta desafíos en términos de capacidades de inteligencia y satelitales, aunque se están realizando avances significativos.
Garat también señala que la preocupación principal en Europa no es solo Ucrania, sino lo que podría suceder posteriormente, especialmente en relación con el arsenal nuclear ruso. La capacidad disuasoria que ofrecen las armas nucleares estadounidenses es esencial para Europa, lo que plantea un escenario de debilidad.
Por último, Ruiz propone que, en caso de una agresión militar de EE.UU. hacia Dinamarca, la cláusula de asistencia mutua de la UE podría activarse, obligando a los demás estados miembros a intervenir. A largo plazo, ambos coinciden en que la UE necesita avanzar hacia una estructura militar más integrada y autónoma.
