Isabel I de Inglaterra (Greenwich, 7 de septiembre de 1533-Richmond, 24 de marzo de 1603), apodada la Reina Virgen, Gloriana o la Buena Reina Bess, fue la reina de Inglaterra e Irlanda desde su ascenso al trono, el 17 de noviembre de 1558, hasta su fallecimiento, en 1603. Su reinado, de más de cuatro décadas, fue conocido como la era isabelina. También fue la quinta y última monarca de la dinastía Tudor.
Bajos, Francia e Irlanda. A mediados de la década de 1580, Inglaterra ya no podía evitar la guerra con España. El fracaso de la invasión a Inglaterra por parte de la Gran Armada en 1588, asoció a Isabel con una de las principales victorias militares de la historia inglesa.
A medida que envejecía, Isabel se hizo famosa por su virginidad. A su alrededor creció un culto a la personalidad que se celebró en retratos, desfiles y la literatura de la época. El reinado de Isabel se conoció como la era isabelina. El período es famoso por el florecimiento del teatro isabelino, dirigido por dramaturgos como William Shakespeare y Christopher Marlowe, y por la destreza marinera de aventureros ingleses como Francis Drake. Algunos historiadores describen a Isabel como una gobernante de mal genio, a veces indecisa[5] que disfrutó de su momento de suerte. Hacia el final de su reinado, una serie de problemas económicos y militares debilitaron su popularidad. Isabel es reconocida como una gobernante carismática y una obstinada sobreviviente en una era en la que el gobierno era tan destartalado como limitado y cuando las monarcas de los países vecinos afrontaban problemas internos que ponían en peligro sus tronos. Después de los breves reinados de sus medio hermanos, sus 44 años en el trono proporcionaron una notoria estabilidad al reino y ayudaron a forjar un sentido de identidad nacional. Su reinado ha sido el sexto más largo de la historia inglesa, por detrás de los de Isabel II, Victoria, Jorge III, Enrique III y Eduardo III.