En Colombia, la transición energética viene andando desde tiempo atrás, pero ahora se escuchan críticas a la intención de acelerar el proceso. Estas se basan en argumentos que señalan que, si somos bajos aportantes de emisiones que agravan el cambio climático, no tenemos por qué ser los ‘sacrificados’. Por eso es clave revelar los resultados del informe ‘Clima y desarrollo’ presentado por el Banco Mundial. Un punto en el que vale la pena detenerse es en la ecuación que representa el petróleo y la minería para el país, pues es el eje de grandes controversias, de cara a una transición energética. Así, el informe del Banco Mundial pone en la discusión el alto riesgo económico derivado de la descarbonización global. En el caso de Colombia, aunque el petróleo y la minería solo representan el 5 % del PIB del país, el petróleo y el carbón dominan las exportaciones. El Banco Mundial señala que “si en teoría Colombia pudiera alcanzar su meta de cero emisiones netas para 2050, se requeriría una mejora fundamental a corto plazo en la tendencia de las emisiones. Con el fin de alcanzar la neutralidad en carbono a más tardar en 2050, se requerirá, para 2030, una meta de emisiones más ambiciosa que la establecida como contribución determinada a nivel nacional para ese mismo año. Esto implicaría adoptar drásticas medidas de mitigación: en 2024, deberá limitarse la deforestación a 37.500 hectáreas al año; se deberán establecer sistemas ganaderos sostenibles a un ritmo de 2 millones de hectáreas al año, y, para 2030, se deberán restaurar unos 5,6 millones de hectáreas de tierra. Asimismo, el 67 % de los autobuses públicos y el 55 % de los automóviles deberán ser eléctricos (en 2021 ninguno lo era); el 20 % del transporte de carga deberá ser ferroviario (cifra muy superior al 7 % registrado en 2021), y la generación de electricidad renovable deberá incrementarse un 8 % al año”.
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