Edith Cavell
(Swardeston, Norfolk, Inglaterra; 4 de diciembre de 1865 – Bruselas, Bélgica; 12 de octubre de 1915) fue una enfermera británica condenada a muerte en juicio sumarísimo por un tribunal militar alemán durante la Primera Guerra Mundial, acusada de alta traición por haber cobijado en su hospital en Bruselas hasta doscientos soldados belgas, franceses e ingleses (prisioneros evadidos y pilotos abatidos) y haberles ayudado a huir de Bélgica y reintegrarse a sus puestos de combate.
Cavell, que tenía 49 años cuando fue ejecutada, fue una pionera de la enfermería moderna en Bélgica.
En los años siguientes a la muerte de Edith Cavell, su historia fue publicada en innumerables artículos de prensa, panfletos, imágenes y libros. Se convirtió en una figura icónica de propaganda para el reclutamiento militar en Gran Bretaña, y en Estados Unidos se utilizó para incrementar las simpatías hacia el bloque aliado. Su popularidad emanaba de su género, su profesión de enfermera y de su actitud heroica ante la muerte. Su ejecución se presentó como una demostración de la barbarie y la depravación moral de los alemanes.
El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Arthur Zimmermann, declaró a la prensa de su país que la ejecución de Edith Cavell había sido «lamentable pero necesaria»:
(…) consideren qué le sucedería a un estado, sobre todo en guerra, si permitiera que los delitos contra la seguridad de sus ejércitos no recibieran castigo por haber sido cometidos por mujeres. (…) Si se les perdona se haría a expensas de la seguridad de nuestros ejércitos, pues hay que temer nuevos intentos de hacernos daño si se cree que los delincuentes no sufrirán ningún castigo o solo una pena leve.
Según dijo posteriormente un oficial del Estado Mayor alemán, «Fue uno de nuestros mayores errores. No pudimos concebir una acción más impopular». La noche anterior a su ejecución le confesó al capellán de la prisión que no sentía odio alguno a los alemanes y que no temía a la muerte porque había visto tanta en el hospital que la conocía demasiado bien. El famoso poeta alemán Gottfried Benn, entonces médico militar de la prisión de Saint-Gilles, presenció y certificó su muerte, y escribió que nunca había conocido una mujer con tanto valor: «¿Cómo debe juzgarse el fusilamiento de Edith Cavell? Entró en la guerra y la guerra la destruyó».