1938: en España ―en el marco de la guerra civil española― termina la decisiva Batalla del Ebro, la más larga y cruenta de toda la guerra, en la que el ejército republicano dejó 10 000 muertos y 20 000 prisioneros.

La batalla del Ebro fue una batalla librada durante la guerra civil española. Fue la batalla en que más combatientes participaron, la más larga y una de las más sangrientas de toda la guerra. Tuvo lugar en el cauce bajo del valle del Ebro, entre la zona occidental de la provincia de Tarragona (Tierra Alta) y en la zona oriental de la provincia de Zaragoza (Mequinenza) y se desarrolló durante los meses de julio a noviembre de 1938.

Constituyó el enfrentamiento decisivo de la contienda, ya que en ella se decidió el final de la Guerra Civil, en un contexto europeo inmerso en la crisis de los Sudetes, que parecía a punto de estallar, y que, efectivamente, acabaría uniendo la guerra europea con la guerra de España. Aunque el ejército republicano logró obtener una importante victoria inicial, la victoria final fue para los sublevados. Un gran número de bajas humanas y materiales y cuatro meses de lucha después, las tropas republicanas volvieron a cruzar el río Ebro. Tras una decisiva ofensiva sublevada, quedó sellado el destino de la Segunda República Española.

Durante la batalla se hicieron populares canciones como El paso del Ebro y Si me quieres escribir, que posteriormente se han convertido en iconos de la cultura popular ligados a la batalla, y darían lugar a las más famosas canciones de la guerra civil española.
La batalla acabó convirtiéndose en un duelo entre Francisco Franco y Vicente Rojo Lluch, como ya había ocurrido en Brunete y en Teruel. El empecinamiento de Franco en acabar con el Ejército del Ebro mediante asaltos frontales en un terreno propicio para una defensa republicana bien organizada alargó la lucha durante meses y, aunque quebrantó a las fuerzas republicanas de la zona, lo hizo a un elevado precio para el ejército sublevado. En este sentido, fue decisión de Franco, y de ningún otro, el ataque frontal contra los republicanos, desoyendo las recomendaciones de otros militares sublevados que recomendaban un ataque por el frente del Segre, para encerrar a los republicanos en una bolsa. No obstante, diezmado el ejército republicano y con la frontera francesa cerrada desde el mes de junio, este no tenía posibilidades de victoria frente al siempre reforzado y bien pertrechado ejército sublevado. La batalla del Ebro significaba la derrota decisiva de la República en la guerra y preparó el camino para la caída de Cataluña.

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