Lo que está mal, está mal, aunque lo haga todo el mundo. Lo que está bien, está bien, aunque no lo haga nadie. Qué difícil es mantenerse en una postura correcta cuando todo el entorno te presiona para que sea distinto. Por ejemplo, tú estás parado en un semáforo con tu carro y no viene nadie y los otros carros pasan volando a tu lado. Muchas veces montas el pie en el acelerador para seguir rodando y tu juicio moral dice que no y empieza lucha interna por no ser pendejo o justo. Pasa también cuando te montas en un carro y lo primero que haces es ponerte el cinturón de seguridad. Uno de mis ajustes morales más recordado, es el famoso Caracazo del 27 de febrero de 1989, en Venezuela. La ciudad estaba en caos y habían comenzado los saqueos, todos entraron a los negocios a acabar con toda mercancía de supermercados, electrodomésticos, licorerías, panaderías y cuánto negocio tuviese mercancía tentadora.
Yo, las primeras horas de aquella barbarie, me sentía mal porque no había saqueado, y no lo había hecho porque me parecía terrible quitarle las cosas a gente que había trabajado por ello.
A los pocos días hablé con un amigo, que tampoco saqueo, y pude sentir que no era el único extraterrestre. Pues si está bien que no hagas lo que va en contra de la ética. La ética es personal, la moral es social. ¿Cuántas cosas una persona se permite hacer porque nadie lo ve, porque nadie se entera? y eso es más una libertad ética que moral. Por ello, si está bien y tú sientes que está bien sin que nadie lo comparta y hasta se burle de ti, mantén tu postura. De mi padre vi que tuvo cargos públicos y nunca se agarró un bolívar y ya sé que de allí lo aprendí.
Hagamos lo bueno, hagamos el bien porque es la única forma de hacer de este un mundo mejor.

