El pasado 21 de diciembre se concretó un hito energético en Venezuela. Por primera vez en más de 100 años de historia profundamente ligada a la producción petrolera, Venezuela se perfiló oficialmente como país productor y exportador de gas natural. Ese día, en la ciudad de Caracas, específicamente en las instalaciones del Complejo MinPetróleo-PDVSA, se otorgó una licencia para la exploración y la explotación de gas no asociado en el campo Dragón, ubicado en la península de Paria, estado Sucre, a las empresas National Gas Company de Trinidad y Tobago (NGC) y la británica de hidrocarburos Shell. El acto de otorgamiento estuvo encabezado por la vicepresidenta ejecutiva de la República, Delcy Rodríguez; el ministro del Poder Popular de Petróleo y presidente de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), Pedro Rafael Tellechea; y el ministro de Energía e Industrias Energéticas de Trinidad y Tobago, Stuart Young, quienes estuvieron acompañados por Mark Loquian, director de NGC; Adam Lowmass, presidente de Shell Trinidad y Tobago; y Alfredo Urdaneta, representante de Shell Venezuela. La licencia otorgada en Caracas para relanzar campo Dragón, que posee más de 4 billones de pies cúbicos en reservas gasíferas, fue producto de meses de negociaciones entre los gobiernos de Venezuela y Trinidad y Tobago, con varias visitas de las autoridades energéticas del país caribeño a Caracas en la búsqueda de afinar detalles durante 2022. Hace pocos días, en declaraciones reseñadas por la agencia Reuters, el Primer Ministro de Trinidad y Tobago, Keith Rowley, afirmó que “Hay un gran interés europeo por lo que está ocurriendo en Trinidad y Tobago en su intento de introducir en el mercado recursos procedentes de Sudamérica”, haciendo referencia al reimpulso de campo Dragón. El interés de Europa expresado por Rowley está ligado a la tensión interna del bloque por una diversificación rápida y segura, donde las vastas reservas de Venezuela van adquiriendo un peso estratégico en el futuro cercano. La matriz de importación gasífera publicada por el Consejo Europeo indica una relación de dependencia distribuida entre pocos actores tras la imposición de sanciones económicas contra Rusia que paralizaron el comercio de gas con la Unión Europea. Actualmente, Europa importa gas desde Estados Unidos, Qatar, Argelia (de GNL) y Noruega principalmente, pero todavía persisten las importaciones desde Rusia con un 24,65% del total. La necesidad por desconcentrar aún más las fuentes de suministro continúa estando entre los objetivos prioritarios de la Unión en materia energética. Por el lado del almacenamiento, las cifras del Consejo Europeo reflejaron un mejor comportamiento en 2023 con respecto a 2022, lo cual ha generado una disminución en los precios de la energía. No obstante, la creciente inestabilidad internacional y la crisis de seguridad actual en el Mar Rojo, arteria crítica del mercado energético internacional, produce una tensión adicional para mitigar posibles obstáculos en el suministro. Pese a las mejoras en el almacenamiento y su impacto directo en los precios, la Unión sigue expuesta a un cuadro de vulnerabilidad estratégico por múltiples factores. La estabilidad del mercado de GNL es muy susceptible a los cambios de demanda en regiones de alto crecimiento como Asia, a la alta competencia y a los impactos que en los precios ejerce la tensión internacional. En dicho cuadro, campo Dragón despunta como alternativa confiable, óptima y segura, cuyo desarrollo tiene la perspectiva de incidir positivamente en una dinámica de estabilización y aseguramiento de suministros para el mundo.

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