Este jueves 5 de febrero de 2026, Bogotá vive una nueva jornada del «Día sin Carro y sin Moto», una tradición institucionalizada hace más de dos décadas que hoy cobra una relevancia especial bajo la actual administración distrital. Desde las 5:00 a. m., más de 1.8 millones de vehículos particulares y cerca de medio millón de motocicletas han dejado de circular por las vías capitalinas, cediendo el espacio a un sistema de transporte público que opera a su máxima capacidad y a una red de ciclorrutas que hoy se convierte en la arteria principal de la ciudad. Esta jornada no es solo un ejercicio de conciencia ambiental, sino un test de estrés crítico para una infraestructura urbana que se encuentra en plena transformación por las obras de la Primera Línea del Metro y la renovación de la Troncal de la Avenida 68.
El balance de las primeras horas, entregado por la Secretaría de Movilidad, indica una reducción del 50% en las emisiones de material particulado y una mejora significativa en los niveles de ruido ambiental. Sin embargo, más allá de las cifras ecológicas, el foco está puesto en la capacidad de respuesta de TransMilenio y el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP). Con el cierre de varias estaciones clave por mantenimiento y construcción, los usuarios han tenido que recurrir a planes de viaje alternativos. El Distrito ha desplegado más de 3.000 agentes de tránsito y guías de movilidad para orientar a los ciudadanos, mientras que el sistema de bicicletas compartidas ha reportado un uso récord, agotando las existencias en puntos estratégicos como el centro internacional y la zona financiera de la calle 72.
La jornada de este 2026 tiene un matiz particular: la severidad de las sanciones. A diferencia de años anteriores, donde la pedagogía primaba, las autoridades han sido estrictas en la aplicación de la infracción C14, que conlleva una multa superior a los $630.000 y la inmovilización inmediata del vehículo. Las excepciones se han limitado estrictamente a vehículos de emergencia, transporte escolar, servicios públicos esenciales y la caravana presidencial. Incluso los vehículos híbridos y a gas, que en ocasiones anteriores gozaban de libertad de circulación, han tenido que permanecer guardados este año, en un esfuerzo por maximizar el impacto de la jornada y promover un cambio real en los hábitos de movilidad sostenible.
El sector comercial, como es habitual, ha expresado opiniones divididas. Mientras que los centros comerciales y grandes superficies reportan una disminución en la afluencia de clientes presenciales, las plataformas de comercio electrónico y las entregas a domicilio (que operan con vehículos exentos bajo normativas específicas) han visto un repunte en sus operaciones. Fenalco Bogotá ha señalado que, aunque apoya las causas ambientales, estas jornadas deben ir acompañadas de incentivos fiscales para los comerciantes que ven reducidas sus ventas. No obstante, la Alcaldía defiende la medida como una inversión a largo plazo en la salud pública, argumentando que los ahorros en gastos médicos derivados de enfermedades respiratorias compensan con creces la pausa comercial de un día.
Uno de los puntos más destacados de este 5 de febrero es el protagonismo de la bicicleta. Bogotá se reafirma como la «Capital Mundial de la Bici» con la habilitación de más de 100 kilómetros adicionales de ciclovía temporal. El uso masivo de este medio de transporte ha evidenciado la necesidad urgente de mejorar la seguridad ciudadana en las rutas. Organizaciones de ciclistas urbanos han aprovechado la visibilidad del día para exigir al Gobierno Distrital y a la Policía Metropolitana una vigilancia más rigurosa, especialmente en puentes peatonales y tramos críticos de la Avenida Boyacá y la Autopista Norte, donde el hurto de bicicletas sigue siendo un problema persistente que desincentiva a muchos usuarios potenciales.
A medida que avanza la tarde y se acerca la hora pico del regreso a casa, el desafío se traslada a la gestión de las multitudes en los portales de transporte masivo. La jornada del Día sin Carro y sin Moto 2026 sirve como un laboratorio social para lo que será la Bogotá del futuro: una ciudad menos dependiente del motor de combustión y más integrada con modos de transporte limpios. El éxito de hoy no se medirá solo por cuántos carros dejaron de salir, sino por cuántos ciudadanos descubrieron que es posible cruzar la ciudad sin necesidad de un volante, a pesar de los trancones que generan las obras del Metro. La discusión sobre si esta jornada debe realizarse con más frecuencia o si debe evolucionar hacia restricciones permanentes por zonas sigue abierta en el Concejo de Bogotá, marcando el pulso de la agenda política local para lo que queda del año.
