César Atahualpa Rodríguez

César Atahualpa Rodríguez

Solo
​En el tumulto de la calle, sabor y olor a manicomio,
voy despejando mi conciencia, solo.

​En el silencio de los parques, verde de arbustos y sol de oro,
siento latir el infinito, solo.

​En la butaca de un teatro con el rebaño codo a codo,
percibo el frío de los números, solo.

​Fumando un largo cigarrillo, veo perderse el humo absorto,
como me pierdo cada día, solo.

​Nunca pedí cuartel. Serenamente bebo cicuta a sorbos.
Marcho al suplicio de la nada, solo.

César Atahualpa Rodríguez
Su nombre de nacimiento era César Augusto Rodríguez Olcay, fue una figura literaria peruana que dejó una profunda huella en la poesía, la narrativa y el ensayo. Nació el 26 de agosto de 1889 en Arequipa y falleció en Lima el 12 de marzo de 1972. El apodo de «Atahualpa» se lo dio el poeta Percy Gibson, quien notó en él un parecido con la realeza andina por su «lacia cabellera y su faz de nigromante andino».

​Rodríguez cursó sus estudios en el Colegio Nacional de la Independencia de América en Arequipa antes de mudarse a la capital para estudiar en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A pesar de su sed de conocimiento, las dificultades económicas lo obligaron a regresar a su tierra natal. Sin embargo, esto no lo detuvo, ya que se dedicó a ser un autodidacta, cultivando su intelecto a través de la lectura y la investigación por su cuenta.

​A lo largo de su carrera, Rodríguez desempeñó un papel crucial en el mundo literario de Arequipa.  Durante casi cuatro décadas, de 1917 a 1955, dirigió la Biblioteca Pública Municipal de su ciudad natal, lo que le permitió estar en el epicentro de la cultura local. Además, fue miembro del grupo literario «El Aquelarre», un colectivo de escritores que también editaba una revista del mismo nombre.
​Su obra poética se distingue por su tono lírico y su profundidad. Aunque su producción en vida fue limitada en cantidad, su calidad es innegable.
​Más allá de la poesía, Rodríguez también incursionó en el ensayo y la novela, aunque en menor medida. Su legado es un testimonio de la dedicación a las letras, el cual fue reconocido con numerosas distinciones, incluyendo la prestigiosa Orden del Sol del Perú, la Medalla del Senado, la Medalla de Oro de la Ciudad de Arequipa y la Orden de las Palmas Magisteriales, galardones que reflejan su inmensa contribución a la cultura peruana.

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