Cuba sin el crudo venezolano: entre la épica de seguir sobreviviendo y la presión de Trump

El reciente ataque militar de Estados Unidos a Venezuela no solo resultó en la captura de Nicolás Maduro y su esposa, sino que también puso al país sudamericano bajo el control de Donald Trump. A apenas 1,400 millas de distancia, en Cuba, el eco de las explosiones resonó en un régimen que acaba de cumplir 67 años: el de la Revolución Cubana, que fue heredada por Miguel Díaz-Canel en 2018. La administración estadounidense busca desmantelar el gobierno comunista cubano antes de que termine el año, y para ello, ya está tratando de identificar a personas dentro del régimen que puedan ofrecer información valiosa y facilitar un acuerdo, similar a lo que supuestamente sucedió en Caracas para lograr la caída de Maduro. Esto ha sido reflejado en una investigación de The Wall Street Journal.

“Cuba está a punto de caer”, afirmó un optimista Trump poco después de la captura de Maduro, incluyendo a la isla en su lista de objetivos, aunque insistió en que no se requeriría acción militar. “No sé cómo podrán mantenerse, no tienen ingresos. Todo lo recibían de Venezuela”, comentó el republicano, quien ha instado a La Habana a alcanzar un acuerdo “antes de que sea demasiado tarde”.

Díaz-Canel, visiblemente afectado, reconoció ante miles de personas que la agresión estadounidense ha tenido un impacto severo en Cuba. “Durante más de 25 años, Cuba y Venezuela han compartido ideales y esfuerzos hacia un mundo mejor, dispuestos a luchar por la justicia a través del socialismo”, dijo en homenaje a 32 cubanos que formaban parte de la seguridad de Maduro y que fallecieron en el ataque. Aunque criticó a aquellos que ven la relación entre cubanos y venezolanos como un simple negocio, es evidente que la preocupación del pueblo cubano refleja una incertidumbre respecto al futuro.

Desde que Hugo Chávez y Fidel Castro establecieron una alianza estratégica en 2003, Venezuela ha sido un aliado clave para Cuba, especialmente tras la crisis económica que azota a la isla. Los envíos regulares de petróleo venezolano a cambio de servicios profesionales han sostenido la frágil economía cubana, que enfrenta escasez de alimentos, medicinas y combustible, así como una inflación galopante y un colapso de los servicios públicos.

La situación se ha visto exacerbada por el embargo estadounidense, que ha sido reforzado durante los mandatos de Trump, tras un período de deshielo bajo Barack Obama. El youtuber cubano Alejandro, quien documenta la realidad social del país, describe cómo la incertidumbre sobre los cortes de energía domina la vida diaria de los cubanos. “Cuba está en ruinas”, afirma, reflejando no solo el deterioro físico de las infraestructuras, sino también la descomposición de la sociedad.

Las manifestaciones en contra de la escasez energética han aumentado, y las protestas de 2021 resultaron en la represión más severa desde 1994, con cientos de arrestos. En respuesta a la presión de EE. UU., el gobierno cubano ha culpado al “bloqueo” y ha defendido su revolución. Díaz-Canel ha declarado que “nadie nos dicta qué hacer”, incluso cuando los Estados Unidos tienen influencia sobre el régimen venezolano.

A pesar de la retórica desafiante de Díaz-Canel, la situación en Cuba es extremadamente precaria. El economista Ricardo Torres señala que el régimen enfrenta su momento más vulnerable en 67 años, y que EE. UU. tiene el potencial de aumentar la presión, especialmente tras la reducción de suministros de petróleo de Venezuela.

Con un escenario de crisis social y creciente descontento, el gobierno cubano debe calibrar sus próximos pasos cuidadosamente. Manuel Cuesta Morúa, un opositor cubano, sugiere que el régimen de Díaz-Canel se enfrenta a una rearticulación de la sociedad, que ha comenzado a mostrar resistencia y energía tras la represión de 2021, lo que podría generar un contexto de presión social que obligue al gobierno a responder.

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