Quito, 18 de septiembre de 2025. – El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, ha reiterado públicamente su intención de convocar a una Asamblea Constituyente para redactar una nueva carta magna. Esta iniciativa, que formó parte de sus promesas de campaña, vuelve al debate político después de que el mandatario la dejara en suspenso al asumir funciones en mayo. Noboa aseguró que enviará a la Corte Constitucional (CC) la propuesta de consulta popular con la pregunta esencial sobre la necesidad de una nueva Constitución.
En caso de ser admitida por el máximo tribunal, el pueblo ecuatoriano decidirá en las urnas si desea avanzar hacia una Asamblea Constituyente, que tendría el encargo de redactar un nuevo texto constitucional. De aprobarse, el proceso incluiría varias etapas: desde la validación inicial de la consulta, la elección de los constituyentes, la redacción de la carta magna y, finalmente, un plebiscito ciudadano para ratificarla o rechazarla.
Contexto de la propuesta de Noboa
La idea de una Asamblea Constituyente no es nueva en Ecuador. De hecho, el país tiene una larga tradición de cambios constitucionales, siendo el más reciente el impulsado en 2008 bajo el gobierno de Rafael Correa. La Constitución de Montecristi, actualmente vigente, se presentó como un documento innovador que buscaba ampliar derechos ciudadanos y consolidar un Estado plurinacional.
Sin embargo, a 17 años de su promulgación, distintos sectores políticos han cuestionado su efectividad para resolver los problemas estructurales del país. Noboa se ha sumado a esas voces críticas, argumentando que el Ecuador requiere un marco jurídico más acorde a los tiempos actuales, en particular para combatir al crimen organizado, promover la inversión y modernizar la institucionalidad del Estado.
Tensiones con la Corte Constitucional
Uno de los elementos centrales de este debate es la Corte Constitucional (CC). El presidente ecuatoriano ha mostrado su inconformidad con este organismo, al que acusa de frenar iniciativas que considera claves para transformar el país.
Según Noboa, la CC rechazó varias preguntas que había planteado para la consulta popular de este año, bajo criterios de “activismo político”. Para el mandatario, las decisiones del tribunal no reflejan la voluntad ciudadana y obstaculizan cambios urgentes.
En su discurso más reciente, Noboa enfatizó:
“Presentamos preguntas claras para que el pueblo se pronuncie. Estas fueron negadas, a base de puro activismo político, sabiendo que el pueblo aceptará esos cambios, que los mismos de siempre quieren bloquear”.
Este enfrentamiento abre un nuevo capítulo en la relación entre Ejecutivo y Corte Constitucional, y plantea un escenario incierto sobre la viabilidad del proyecto constituyente.
El proceso hacia una nueva Constitución
Si la Corte aprueba la pregunta propuesta por el Ejecutivo, el camino hacia una Asamblea Constituyente será largo y complejo. El proceso tendría varias fases:
- Consulta popular inicial: Más de 13 millones de votantes deberán decidir si están de acuerdo o no en convocar a una Constituyente.
- Elección de constituyentes: En caso de aprobación, se organizarán comicios para elegir a los representantes que integrarán la Asamblea.
- Redacción del nuevo texto: Los constituyentes tendrán la tarea de elaborar una propuesta de carta magna.
- Referéndum ratificatorio: El texto resultante será sometido nuevamente a la ciudadanía para su aprobación final.
Este procedimiento no solo implica tiempo, sino también altos costos económicos. Expertos estiman que el gasto de convocar y organizar la Constituyente podría oscilar entre 120 y 200 millones de dólares, una cifra que ha levantado críticas en sectores que demandan invertir esos fondos en áreas sensibles como salud, educación o seguridad.
Críticas y apoyos a la iniciativa
La propuesta de Noboa ha generado un fuerte debate en la sociedad ecuatoriana.
- Críticos: Afirman que un proceso constituyente en este momento representa una distracción frente a problemas urgentes como la inseguridad, el desempleo y la crisis hospitalaria. También señalan que la inestabilidad política que puede generar la redacción de una nueva Constitución podría ahuyentar inversiones y frenar la recuperación económica.
- Partidarios: Sostienen que solo un cambio profundo de las reglas de juego permitirá superar las limitaciones del marco legal vigente y abrir paso a una institucionalidad más sólida. Para ellos, la Constituyente es una oportunidad para actualizar el contrato social y modernizar al Estado.
La opinión pública está dividida. Algunas encuestas señalan que existe un apoyo moderado a la idea de una nueva Constitución, especialmente entre los jóvenes, aunque también hay escepticismo sobre los resultados que este proceso podría traer.
El factor histórico: Ecuador y sus Constituciones
La historia constitucional de Ecuador es particularmente dinámica: desde su independencia en el siglo XIX, el país ha tenido 20 constituciones. Cada cambio ha respondido a contextos de crisis política, pugnas de poder o intentos de refundación del Estado.
La Constitución de 2008 fue presentada como un documento garantista y progresista. No obstante, con el paso del tiempo, algunos sectores la consideran rígida o poco adaptable a las nuevas dinámicas de seguridad y economía que vive el país. Noboa pretende que su legado político esté marcado por un nuevo proceso constituyente que, en su visión, represente un punto de quiebre para enfrentar los desafíos del presente.
Implicaciones económicas y sociales
Más allá del debate jurídico y político, la propuesta de Noboa tiene claras implicaciones económicas y sociales.
- Impacto fiscal: El gasto estimado para organizar la Constituyente generaría presión sobre las cuentas públicas, en un momento donde Ecuador enfrenta restricciones presupuestarias.
- Inversión extranjera: Los inversores suelen valorar la estabilidad institucional. Un proceso constituyente puede generar expectativas positivas si ofrece reformas claras y modernas, pero también incertidumbre si no hay consensos.
- Tejido social: El debate constitucional podría reactivar la participación ciudadana, especialmente de jóvenes, movimientos sociales e indígenas, que históricamente han demandado mayor representación.
- Polarización política: Existe el riesgo de que la Constituyente se convierta en un escenario de confrontación entre bloques ideológicos, en lugar de un espacio de consenso nacional.
La apuesta de Noboa: riesgos y oportunidades
El presidente Noboa apuesta a que la Asamblea Constituyente se convierta en el gran proyecto transformador de su gobierno. Si logra encaminarlo y cuenta con respaldo ciudadano, podría consolidar liderazgo y dejar una huella histórica.
Sin embargo, también asume riesgos significativos: si la propuesta fracasa en la Corte Constitucional, en las urnas o en el mismo proceso constituyente, podría desgastar su imagen y generar mayor desconfianza en su gestión.
Para Noboa, el éxito dependerá de su capacidad de convocar consensos, movilizar apoyo social y demostrar que el costo económico se justifica frente a los beneficios esperados.
La reiteración de Daniel Noboa sobre su intención de convocar a una Asamblea Constituyente marca un punto clave en la política ecuatoriana de 2025. El camino hacia una nueva Constitución no solo será largo y complejo, sino también polémico y costoso. Sin embargo, también representa una oportunidad para redefinir las bases del Estado y responder a las demandas de un país que atraviesa profundas tensiones sociales y de seguridad.
La decisión final no estará únicamente en manos del presidente ni de la Corte Constitucional, sino del pueblo ecuatoriano, que deberá evaluar en las urnas si confía en que un nuevo pacto constitucional es la vía adecuada para enfrentar los desafíos del futuro.
