**Yolanda Álvarez @Yalvareztv**
La primera mujer al mando del Gobierno japonés, Sanae Takaichi, ha ejecutado una estrategia brillante. En su tercer mes como primera ministra, ha decidido convocar elecciones generales anticipadas, que se llevarán a cabo el próximo domingo 8 de febrero. Reconociendo que su ascenso al poder no fue resultado del voto popular tras la renuncia del ex primer ministro Shigeru Ishiba, Takaichi busca legitimarse mediante el sufragio y obtener una mayoría parlamentaria sólida que le permita gobernar sin compromisos ni concesiones.
Apodada la «dama de hierro» de Japón, en referencia a su admiración por Margaret Thatcher, Takaichi disfruta de una popularidad notable, alrededor del 60%, y aún no ha experimentado el desgaste típico de un cargo político. Aprovecha su imagen cuidadosamente cultivada, caracterizada por trajes sobrios y una preferencia por el color azul, para atraer a los votantes que su partido, el conservador Partido Liberal Democrático (PLD), ha ido perdiendo debido a escándalos de corrupción.
Tras décadas de liderazgo masculino en Japón, Takaichi ha marcado una tendencia. En el país, se habla de «sanakatsu», una especie de fenómeno de admiración entre la juventud hacia ella. Su bolso de mano de piel negra, que cuesta más de 750 euros, se ha agotado antes de las elecciones, y su bolígrafo rosa, así como los snacks que consume, se han vuelto populares. De hecho, su popularidad ha alcanzado el 90% entre los votantes menores de 30 años, según un sondeo reciente.
Sin embargo, no todo es seguro. Aunque los sondeos de intención de voto sugieren una victoria aplastante, la realidad política puede ser volátil. Según encuestas publicadas el 3 de febrero por Kyodo y Asahi, el PLD podría conseguir una mayoría absoluta en la Cámara de Representantes junto con su socio de coalición, el Partido de la Innovación de Japón (Ishin). Esto podría permitir al gobierno de Takaichi aprobar leyes sin necesidad de contar con el apoyo de la Cámara Alta.
La agenda de Takaichi incluye aumentar el gasto público en un país con una de las deudas más altas de la OCDE, lo que podría preocupar a los mercados financieros. Enfrentándose a una economía estancada, alta inflación y un yen debilitado, Takaichi ya había prometido aumentar el gasto en defensa durante su encuentro con Donald Trump en octubre pasado. Según un estudio de NHK, el 45% de los japoneses considera que el aumento de precios es su principal preocupación, muy por delante de temas como la diplomacia y la seguridad nacional.
Sin embargo, la estrategia de Takaichi no está exenta de riesgos. El Komeito, su socio de coalición durante 26 años, se ha aliado recientemente con el Partido Democrático Constitucional (PDC) para formar la Alianza Reformista Centrista, lo que podría erosionar su base de apoyo. «Takaichi ha perdido el respaldo de los votantes de Komeito, que son uno de los bloques de voto más estables en el país», advierte Jeffrey Hall, profesor de Estudios Japoneses.
Mientras tanto, el partido ultraderechista Sanseito, liderado por Sohei Kamiya, podría dar la sorpresa en estas elecciones. Kamiya ha declarado haberse inspirado en Donald Trump, no solo en su discurso antimigratorio, sino también en su lema «Japón primero». Según el profesor Hiroyuki Nagayama, la ultraderecha en Japón está en auge debido a un sentimiento antiestablishment, ya que muchos votantes buscan alternativas al poder establecido.
Trump, por su parte, ha expresado su «total respaldo» a Takaichi, describiéndola como una líder fuerte y sabia. Ha anunciado que se reunirán en la Casa Blanca el 19 de marzo, anticipando su victoria electoral. «No va a decepcionar a los japoneses», ha afirmado el ex presidente.
Si Sanae Takaichi logra ganar estas elecciones, no solo obtendrá el control total para gobernar Japón sin restricciones, sino que también habrá ganado la legitimidad que le había faltado hasta ahora, enviando un mensaje claro a sus adversarios políticos, todos hombres.
