El panorama bélico en África ha experimentado una transformación drástica este martes 3 de febrero de 2026. Tras dos años de un bloqueo asfixiante que mantuvo en vilo a la comunidad internacional, el Ejército de Sudán, bajo el mando del Consejo Soberano de Transición (CST), ha anunciado oficialmente la ruptura del sitio en el estado de Kordofán del Sur. La operación, que culminó con la liberación de la ruta estratégica entre la capital estatal, Kadugli, y la ciudad de Dilling, marca el punto de inflexión más importante desde que estalló el conflicto contra las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en abril de 2023.
Este avance militar no ha sido un esfuerzo aislado. La noticia ha cobrado una dimensión geopolítica global al revelarse la identidad de las «fuerzas aliadas» que permitieron el éxito de la ofensiva. El gobierno de Turquía confirmó la participación activa de sus cazabombarderos F-16 y helicópteros de ataque en apoyo al ejército regular sudanés. Esta intervención extranjera subraya cómo el conflicto en Sudán ha dejado de ser una guerra civil interna para convertirse en un tablero de ajedrez donde potencias regionales buscan asegurar influencia en una zona rica en recursos naturales y de vital importancia para la estabilidad del Mar Rojo.
El impacto humanitario de este asedio ha sido devastador. Durante 24 meses, miles de civiles en Kordofán del Sur vivieron bajo una escasez extrema de alimentos, medicinas y servicios básicos. Las cifras que manejan los organismos internacionales son alarmantes: Sudán registra actualmente la mayor crisis de desplazados de la historia moderna, con 14 millones de personas fuera de sus hogares. La ruptura del sitio abre ahora una ventana de oportunidad para que los convoyes de ayuda humanitaria accedan a zonas que habían estado totalmente aisladas, aunque el camino hacia la paz sigue siendo incierto debido a la fragmentación de los grupos en combate.
La caída del control de las RSF en este sector representa un golpe estratégico para el general Mohamed Hamdan Dagalo, alias «Hemedti». Al perder el dominio de las rutas terrestres hacia el sur, la capacidad logística de los paramilitares se ve seriamente comprometida. Sin embargo, los analistas advierten que la introducción de armamento de alta tecnología por parte de Turquía podría provocar que otros actores internacionales, interesados en el control del noreste africano, aumenten su apoyo al bando contrario, prolongando una agonía que ya se ha cobrado la vida de más de 24,000 personas entre civiles y combatientes.
