El fin del «equilibrio» en Oriente Próximo: «Irán va a por todas porque siente que no tiene nada que perder»

El paisaje geopolítico del Oriente Próximo ha cambiado drásticamente, transformándose en el núcleo de una intensa confrontación con repercusiones difíciles de prever. Después de los bombardeos coordinados entre Israel y Estados Unidos en instalaciones en Irán, Teherán ha comenzado a cumplir su amenaza de represalias, lanzando misiles balísticos hacia bases militares en países vecinos como Catar, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait. Esta escalada ha resultado en la pérdida de vidas y ha provocado explosiones en diversas localidades, incluyendo Abu Dabi y Riad. Lo que comenzó como una estrategia de «presión» ha escalado rápidamente a una «guerra regional de alta intensidad», lo que, según los expertos, podría desestabilizar la economía global.

Rosa Meneses, subdirectora del CEARC, destaca que el comportamiento actual de Irán representa un cambio significativo en su enfoque de seguridad. Anteriormente, incluso en momentos de alta tensión, el país optaba por respuestas medidas para evitar una guerra total. Ahora, sin embargo, parece haber adoptado una postura agresiva, buscando golpear a naciones vecinas que albergan tropas estadounidenses, a pesar de mantener relaciones diplomáticas con algunas de ellas.

Este conflicto no puede entenderse sin considerar el estado de las alianzas de Irán. Ignacio Álvarez-Ossorio señala que el ataque busca alterar el equilibrio de poder en la región. La caída del régimen sirio de Bashar al Asad y la debilidad de Hizbulá han dejado a Irán más vulnerable, obligándolo a internacionalizar el conflicto. La estrategia de la administración Trump ha aprovechado esta debilidad, utilizando una diplomacia coercitiva que ignora la historia y la identidad nacional iraní, lo que podría unir a la población en torno al régimen.

A pesar de la represión interna, hay voces que claman por una intervención militar para derrocar al régimen de los ayatolás, que enfrenta una crisis de legitimidad y una creciente insurrección popular. Manuel Gazapo sugiere que lo que presenciamos no es el inicio de una guerra mundial, sino el colapso inminente de un sistema en crisis. Las monarquías del Golfo, conscientes de esta situación, temen ser víctimas colaterales.

El fracaso de la diplomacia árabe es evidente. A pesar de los esfuerzos por frenar la agresión, la lógica de la fuerza ha prevalecido. Meneses advierte sobre la aún no utilizada carta de Irán en el cierre del Estrecho de Ormuz, lo que podría tener consecuencias devastadoras para el comercio global. La situación en Líbano e Irak también se ve amenazada, mientras el conflicto redefine el mapa regional.

Con el futuro de las negociaciones diplomáticas en la cuerda floja, las próximas horas serán cruciales para entender el alcance de los daños y la evolución de este complejo escenario. La política ha sido desplazada por la fuerza, dejando un panorama incierto y potencialmente catastrófico para la región y el mundo.

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