La situación en Gaza es desesperante. Abdala Shaqura, un antiguo camarero de Jan Yunis, relata su lucha diaria: «Está lloviendo mucho y hace frío. Ni siquiera los niños tienen ropa para protegerse de la lluvia». Su restaurante fue destruido, y ahora, como viudo a cargo de tres hijos, depende de la ayuda de comedores sociales y alimentos enlatados. A pesar del alto el fuego, las condiciones siguen siendo extremadamente difíciles. «No tengo ni para comprar abrigos para mis hijos», lamenta.
Casi 800.000 personas en Gaza se ven afectadas por la tormenta polar Byron, que ha dejado al menos 14 muertos, entre ellos tres niños. Las muertes se concentran en áreas como Bir al Naja y Al Rimal, donde se han derrumbado casas. Los problemas se agravan en el campo de Al Shati, donde las bajas temperaturas han causado más víctimas. Raquel Martí, Directora del Comité Español de UNRWA, destaca que la situación es crítica, especialmente para los recién nacidos y los más vulnerables.
La falta de recursos, como gas y electricidad, agrava la crisis. Las restricciones israelíes impiden la entrada de materiales esenciales, dejando a miles expuestos al frío y a condiciones inhumanas. El Ministerio de Sanidad de Gaza advierte sobre el riesgo de enfermedades respiratorias, especialmente entre niños y ancianos. Ismail Al-Thawabta, del gobierno de Gaza, señala que la ocupación israelí es responsable de la exposición de las familias a estos riesgos climáticos.
Philippe Lazzarini, de UNRWA, lamenta el deterioro de las condiciones de vida en Gaza debido a la tormenta y la violencia. A pesar de las afirmaciones del gobierno israelí sobre la ayuda humanitaria, organizaciones como Save the Children cuestionan la efectividad de esta asistencia. Las autoridades gazatíes afirman que Israel bloquea artículos esenciales, mientras que Israel acusa a las agencias de ineficiencia.
La ayuda que llega es insuficiente para cubrir las necesidades básicas, y Gaza enfrenta una crisis humanitaria agravada por la tormenta. Las organizaciones humanitarias advierten que la situación se vuelve cada vez más precaria, con refugios inadecuados y la amenaza constante de nuevas lluvias. Abdala Shaqura concluye con un mensaje de desesperación: «Rezo para que ustedes puedan contar nuestra historia, para que la comunidad internacional nos ayude y poder al menos comprarles ropa de abrigo y comida a mis hijos».
