El petróleo venezolano, nueva arma comercial de Estados Unidos para desplazar a Rusia y China

Después de la captura de Nicolás Maduro, se produjo un acuerdo entre Estados Unidos y Venezuela para comercializar parte de su petróleo. Este pacto, anunciado por el entonces presidente Donald Trump, prevé la entrega de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo a Washington. La administración estadounidense se encargaría de vender este petróleo en los mercados y manejar los ingresos, que posteriormente serían transferidos a Caracas. Sin embargo, las expectativas de Trump se ven amenazadas por una débil demanda; las compañías comercializadoras están batallando para encontrar suficientes compradores para el crudo venezolano, especialmente entre las refinerías de la Costa del Golfo.

Aurelio García del Barrio, director del global MBA con especialización en Finanzas del IEB, explica que las dificultades se deben tanto a la calidad del crudo, que es muy pesado, como a las limitaciones técnicas para refinarlo y la competencia de otros suministros, como el canadiense. Esto ha llevado a una presión sobre los precios y a que algunos volúmenes de petróleo se queden sin vender. Un operador del sector admitió a Reuters que hay más barriles disponibles que compradores interesados, y algunas refinerías se quejan de que los precios no son competitivos en comparación con otras fuentes.

A pesar de que Venezuela cuenta con casi una quinta parte de las reservas de petróleo del mundo, su producción ha estado muy por debajo de su capacidad potencial debido a años de mala gestión, falta de inversión y sanciones internacionales. En 2019, Estados Unidos importaba alrededor de 500,000 barriles diarios de petróleo venezolano, pero esta cifra se redujo a cero a mediados de 2025 tras la revocación de todas las licencias por parte de Trump. Recuperar esa capacidad requerirá tiempo, ya que algunas refinerías necesitan adaptaciones para procesar el crudo pesado venezolano.

Ante la escasez de mercado interno, Estados Unidos se ve obligado a buscar nuevos socios comerciales. El éxito de esta estrategia, según Frédéric Mertens, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Valencia, dependerá de la relación política entre Trump y los gobiernos involucrados.

La India se perfila como un candidato importante. Ambos países firmaron recientemente un acuerdo comercial que reduce aranceles para el país asiático a cambio de un compromiso para disminuir las compras de petróleo ruso y aumentar las importaciones de crudo estadounidense y venezolano. García del Barrio señala que este acuerdo introduce un componente geopolítico interesante, ya que Washington busca reducir la dependencia del petróleo ruso y abrir espacio para el crudo venezolano en Asia.

Sin embargo, India se muestra cautelosa y evita comprometerse en torno al petróleo venezolano, lo que refleja su intención de no entrar en conflicto con Rusia y optar por una estrategia de diversificación gradual.

El petróleo venezolano se considera una «válvula de ajuste» para Estados Unidos en su esquema geopolítico, brindando la oportunidad de aliviar la presión inflacionaria, reducir la influencia rusa y evitar una excesiva dependencia del petróleo de Oriente Medio. Mientras tanto, la administración estadounidense planea emitir una licencia general que autorice la producción de petróleo y gas en Venezuela, en un contexto donde los precios continúan bajando y gran parte del crudo sigue sin venderse.

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