…concreto es fundamental para que la poesía pueda resonar. La poesía surge de la experiencia vivida, de la observación del mundo que nos rodea. La espiga, como símbolo de la vida y su crecimiento, nos recuerda que detrás de cada verso hay una realidad que se siente y se palpa. Al mencionar elementos concretos, como las gavillas, conectamos con lo tangible, lo que nos ancla y nos permite elevarnos a reflexiones más profundas.
La poesía es un puente entre lo cotidiano y lo trascendental, y sin esa base concreta, sería difícil alcanzar la altura que nos invita a soñar y a contemplar. En mis versos, busco esa conexión: lo simple y lo complejo, lo visible y lo invisible. Es en esa danza, en esa interrelación, donde encuentro la esencia de lo poético.
La vida, con su caos y su orden, nos ofrece un sinfín de imágenes y sensaciones. Al captar esos momentos, esas luces y sombras, como en el título de mi libro, encontramos un lenguaje que nos une, que nos hace partícipes de la experiencia humana. La poesía, entonces, no es solo un ejercicio estético, sino una forma de estar en el mundo, de reconocer nuestra interdependencia y la belleza de lo que nos rodea.
