Israel libera a casi 2.000 presos palestinos, pero deporta a un centenar: «Es un castigo alejarles de su tierra y de su familia»

Fouad Abdelkarim Alrum, un hombre de 55 años y segundo de seis hermanos, acaba de aterrizar en El Cairo. Ha estado esperando este momento desde 2002, cuando sus hermanos, Jihad e Imad, fueron condenados a cadena perpetua. Tel Aviv ha liberado a cerca de 2.000 prisioneros palestinos, de los cuales más de 154 serán deportados, incluidos los hermanos Alrum, quienes forman parte de un grupo de 250 prisioneros con penas severas. «Todos estábamos involucrados en los movimientos por los derechos del pueblo palestino en Ramala. Mi hermano mayor fue acusado de matar a colaboradores israelíes y Jihad de asesinar a un soldado israelí durante una manifestación», relataba recientemente a RTVE Noticias.

El Club de Prisioneros Palestinos confirmó que 250 prisioneros con cadena perpetua serían liberados, incluyendo 154 deportados y 96 no deportados, con ocho destinados a Gaza y 88 a Cisjordania y Jerusalén. Sin embargo, con la liberación de sus hermanos, se ha materializado su mayor temor: «Han deportado a mis dos hermanos a Egipto». La incertidumbre lo abruma, ya que teme que nunca podrán regresar a su hogar, aunque al menos estarán lejos de esa «tierra hostil».

A fecha del 14 de septiembre de 2025, había 11.100 palestinos en prisiones israelíes, incluyendo 350 mujeres y 400 niños. Antes del 7 de octubre de 2023, había 5.250 prisioneros, pero desde entonces se han llevado a cabo más de 19.000 arrestos. Imad había estado encarcelado anteriormente entre 1994 y 2000, pero fue apresado nuevamente en 2002 con una cadena perpetua. «Ha pasado 30 años en prisión», dice Fouad. Jihad, el hermano menor, se unió a la Segunda Intifada a los 22 años, un periodo marcado por la violencia entre Palestina e Israel.

El secretario del gabinete del Gobierno israelí, Yossi Fuchs, dejó claro que los prisioneros condenados por asesinato o fabricación de armas serían deportados de forma permanente, lo que Alrum considera un castigo cruel al separarles de su tierra y familia. «Han pasado media vida entre rejas», lamenta Fouad, quien se apresuró a viajar a Egipto antes de que se impidiera a los familiares de prisioneros viajar al extranjero. Necesita comunicarles la muerte de su madre, Salma Amziad, ocurrida hace cuatro meses, y que no pudieron informarles debido a la falta de contacto desde el 7 de octubre de 2023.

Mientras tanto, en Gaza, la población que ha decidido regresar a sus hogares se siente en estado de shock. “Seguimos vivos, pero no estamos bien tras perder nuestros hogares en Ráfah”, comenta Hassan. A pesar del alto el fuego, muchos han perdido amigos y familiares, y el paisaje urbano es irreconocible debido a la devastación. Dunia, madre de tres niños, teme que la violencia vuelva a estallar y, aunque celebra la tregua, la desconfianza persiste entre los gazatíes.

Recientemente, ha comenzado a entrar ayuda humanitaria en Gaza, con aproximadamente 300 camiones, de los cuales 173 traían mercancía. La población aplaude la llegada de alimentos frescos, algo inédito en los últimos dos años. Sin embargo, la situación sigue siendo crítica, con un 58% del territorio gazatí considerado inhabitable, y se necesitan urgentemente suministros básicos, ropa de abrigo y medicinas a medida que se acerca el invierno. La esperanza de reconstrucción y retorno a una vida normal se mezcla con el miedo y la incertidumbre sobre el futuro.

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