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Bogotá, Colombia. – El pulso por la dirección económica de Colombia se ha intensificado hasta alcanzar un punto de ebullición. La publicación de un Producto Interno Bruto (PIB) de apenas 0,6% para 2023 ha desatado una ola de críticas, ninguna tan punzante como la lanzada por Juan Daniel Oviedo, exdirector del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) y actual concejal de Bogotá, quien ha señalado directamente al Ministro de Hacienda y Crédito Público, Ricardo Bonilla, como el artífice de una de las gestiones más deficientes y, según sus propias palabras, «supremamente irresponsable» dentro del Gobierno del presidente Gustavo Petro.
La acusación de Oviedo, un técnico de reconocido prestigio que dirigió el Dane durante la administración anterior, no es una mera disputa política; es una controversia que expone una profunda fractura entre la evidencia estadística y la narrativa oficialista sobre el estado de la economía nacional. Para el exfuncionario, la respuesta de Bonilla ante el dato del PIB—un crecimiento que apenas supera el estancamiento y que se aleja dramáticamente de las proyecciones iniciales—representa una evasión de la realidad a través de excusas que carecen de rigor técnico.
La bala de plata: «Irresponsable» por culpar al contrabando
La descarga de Oviedo se concentró en el argumento central esgrimido por el jefe de la cartera económica para justificar el bajo desempeño de 2023. En lugar de asumir un impacto directo de las políticas o de las incertidumbres del mercado, el Ministro Bonilla sugirió que una de las principales causas del bloqueo industrial y del bajo crecimiento era el contrabando de textiles y confecciones.
«Personalmente, creo que en este momento lo que ha sucedido con el ministro Bonilla me parece supremamente irresponsable. Creo que aducir que el 0,6% del crecimiento se debe al contrabando de textiles es irresponsable,» sentenció Oviedo. El tecnócrata argumenta que utilizar un factor específico, por serio que sea, como chivo expiatorio para un resultado macroeconómico tan pobre, es una simplificación peligrosa que desvía la atención de los problemas estructurales y de las decisiones de política pública que sí han tenido una influencia determinante.
El exdirector del Dane no se detuvo allí. También citó otra declaración de Bonilla, aparentemente desconectada del contexto económico pero reveladora del talante del funcionario: «Decir, desde el helicóptero, que las primeras obras del metro no se ven, es irresponsable.» Para Oviedo, estas afirmaciones reflejan una tendencia a la irresponsabilidad discursiva, donde la opinión o la narrativa política se impone sobre la seriedad del análisis.
El «desconocimiento técnico» y los sectores estigmatizados
Más allá de la crítica personal, el meollo de la controversia reside en la lectura técnica de las cuentas nacionales. Oviedo, con la autoridad que le confiere su pasado al frente del Dane, explicó que el bajo crecimiento es un síntoma de que el Gobierno de Petro está activamente «desconociendo la técnica de las cifras» y los motores tradicionales de la economía colombiana.
Según el análisis detallado de las cuentas nacionales, los sectores que históricamente han impulsado la generación de riqueza, la inversión y el empleo en el país son la construcción, los servicios asociados a las obras civiles, y la extracción de hidrocarburos y minería. La preocupación de Oviedo radica en que, precisamente, estos sectores se encuentran «totalmente estigmatizados por el Gobierno» debido a su visión de transición energética y de cambio en el modelo productivo. La ambigüedad o la abierta oposición a la exploración y producción petrolera, sumada a la paralización o desaceleración en la emisión de licencias y proyectos de construcción, inevitablemente se traduce en cifras de crecimiento decepcionantes. La falta de inversión en estos rubros, vitales para el engranaje económico, se convierte en el verdadero lastre, mucho más significativo que el impacto del contrabando de prendas de vestir.
La evidencia, según Oviedo, apunta a un efecto directo de la incertidumbre política sobre la Formación Bruta de Capital Fijo (inversión), lo que a su vez se refleja en la reducción de inventarios y la falta de inicio de nuevos procesos de construcción.
La advertencia a Petro: un presidente que «no quiere escuchar»
El concejal de Bogotá amplió su crítica hasta la Casa de Nariño, aludiendo directamente al estilo de liderazgo del presidente Petro. Oviedo ve al primer mandatario como un presidente que ha decidido deliberadamente «no quiere escuchar» la voz de los datos y las advertencias que emanan de la evidencia económica.
«Todos estamos de acuerdo en Colombia que los cambios son necesarios; que los ajustes a la política social son importantes. Repensar algunos modelos de producción es importante para lograr la equidad al país, pero no se puede dejar de escuchar lo que dicen las cifras,» argumentó Oviedo.
El exdirector del Dane no aboga por el inmovilismo, sino por la corrección de rumbo basada en hechos. El dato del 0,6% no es solo un número; es un grito de alerta sobre una economía que se frena a velocidad de crucero. La crítica implícita es que la visión de transformación social del Gobierno, si bien legítima, está sacrificando el desempeño económico al ignorar las bases productivas existentes. Para Oviedo, es imperativo que el presidente reevalúe su postura y encuentre en la evidencia estadística «una oportunidad de corregir» en lugar de verla como una prueba a ser refutada o justificada con argumentos simplistas.
El gabinete: entre el equilibrio y el ‘satisfacer al presidente’
En este panorama de confrontación, Oviedo hizo una breve excepción, señalando que el Director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), Jorge Iván González, es uno de los pocos que parece estar «tratando de equilibrar las cosas». Sin embargo, su apreciación general del equipo de Gobierno es sombría, describiéndolo como un gabinete que está más preocupado por «satisfacer al presidente» que por enfrentar la realidad económica con rigor y autonomía. Esta visión sugiere una alineación política que subordina la técnica a la lealtad, exacerbando la preocupación sobre la solidez de las decisiones macroeconómicas.
La defensa de Bonilla: una «reactivación» incipiente
A pesar del aluvión de críticas, el Ministro Ricardo Bonilla ofreció su propia interpretación y pronóstico de la situación. Para él, el dato de crecimiento del 0,3% en el cuarto trimestre de 2023, aunque marginal, es la prueba de que «comenzó la reactivación de la economía» y que este repunte se reflejará con mayor claridad a lo largo de 2024.
Bonilla admitió tres factores clave que minaron el crecimiento de 2023. El primero fue la fuerte disminución de la rotación de inventarios, un indicio claro de que las empresas, ante la incertidumbre y las altas tasas de interés, no están iniciando nuevos procesos de inversión, sino consumiendo el stock que ya tenían. El segundo factor fue la persistente debilidad del sector construcción (tanto de vivienda como de obras civiles), a pesar de una «ligera recuperación» al final del año. El tercer factor, que generó la polémica con Oviedo, fue el ya mencionado contrabando de textiles y confecciones, un problema que, según Bonilla, requiere un «revolcón en aduanas.»
En su hoja de ruta para el año en curso, el Ministro Bonilla fijó una meta de crecimiento del 1,5%, cifra que si bien es más optimista que la del año pasado, sigue siendo modesta para las necesidades de empleo y desarrollo de Colombia. Para alcanzarla, el funcionario indicó que es indispensable lograr una completa «sintonía» entre la inversión pública y la inversión privada. Además, enfatizó la necesidad de que el Banco de la República continúe con la senda de reducción de las tasas de interés, un mensaje que, junto a la caída de la inflación, debe enviar una señal positiva al sector productivo.
La disputa entre Juan Daniel Oviedo y Ricardo Bonilla no es solo un debate técnico sobre el PIB; es una representación del dilema fundamental que enfrenta el Gobierno Petro: cómo equilibrar una agenda de transformación social ambiciosa con la realidad ineludible de las leyes del mercado y la confianza de los inversionistas. Las cifras de 2023 han dictado sentencia, y la respuesta del Ejecutivo a estos datos será crucial para determinar si el 2024 se convierte en el año de la anhelada reactivación, o si, por el contrario, se profundiza la estigmatización y el estancamiento de los motores de la riqueza nacional. La economía colombiana, como un péndulo, sigue oscilando entre el dato y la narrativa.