Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou, conocida como «Juana de América».

La Higuera

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste…

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

Juana Fernández Morales, más conocida como Juana de Ibarbourou, nació en Melo, Uruguay, el 8 de marzo de 1892 (aunque ella solía afirmar que había nacido en 1895). Desde muy joven mostró una inclinación por la poesía, influenciada por su padre, quien le recitaba versos de poetas gallegos.
En 1913, se casó con el capitán Lucas Ibarbourou, de quien adoptaría el apellido. Debido a los traslados militares de su esposo, vivió en varias ciudades de Uruguay antes de establecerse en Montevideo. Su primer libro de poemas, Las lenguas de diamante, fue publicado en 1919 y recibió elogios de figuras literarias como Manuel Gálvez y Miguel de Unamuno. Este libro, junto con Cántaro fresco (1920) y Raíz salvaje (1922), marcó su primer ciclo creativo, caracterizado por su frescura, sensualidad y una profunda conexión con la naturaleza.
En 1929, Juana de Ibarbourou fue proclamada «Juana de América» en una emotiva ceremonia en el Palacio Legislativo de Uruguay, un reconocimiento a su destacada trayectoria y su impacto en la lírica hispanoamericana. A lo largo de su vida, incursionó en diferentes estilos, desde el vanguardismo hasta el misticismo, y fue una de las voces femeninas más importantes de principios del siglo XX, a la par de Gabriela Mistral y Alfonsina Storni.
Recibió numerosos premios y honores, incluyendo el Gran Premio Nacional de Literatura de Uruguay en 1959. Fue la primera mujer en ocupar un asiento en la Academia Nacional de Letras de Uruguay en 1947. En 1959, fue propuesta para el Premio Nobel de Literatura.
Juana de Ibarbourou falleció en Montevideo el 15 de julio de 1979, y fue enterrada con honores de estado, siendo la primera mujer en Uruguay en recibir tal distinción.
Uno de sus poemas más representativos es «La Higuera». Este poema destaca por su sencillez, su celebración de la vida y la aceptación de la belleza en lo imperfecto. La higuera, a diferencia de otros árboles que dan flores vistosas, es un árbol que «no tiene flor». Sin embargo, la poeta la ama por lo que es, por sus frutos y por su fortaleza, convirtiéndola en un símbolo de la autenticidad y la belleza intrínseca.

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