Mis flores negras
Oye: bajo las ruinas de mis pasiones,
en el fondo de ésta alma que ya no alegras,
entre polvo de ensueños y de ilusiones
brotan entumecidas mis flores negras.
Ellas son mis dolores, capullos hechos
los intensos dolores que en mis entrañas
sepultan sus raíces cual los helechos,
en las húmedas grietas de las montañas.
Ellas son tus desdenes y tus rigores;
son tus pérfidas frases y tus desvíos;
son tus besos vibrantes y abrasadores
en pétalos tornados, negros y fríos.
Ellas son el recuerdo de aquellas horas
en que presa en mis brazos te adormecías,
mientras yo suspiraba por las auroras
de tus ojos… auroras que no eran mías.
Ellas son mis gemidos y mis reproches
ocultos en esta alma que ya no alegras;
son por eso tan negras como las noches
de los gélidos polos… mis flores negras.
Guarda, pues, este triste, débil manojo
que te ofrezco de aquellas flores sombrías;
Guárdalo; nada temas: es un despojo
del jardín de mis hondas melancolías.
Julio Flórez (1867-1923) fue un destacado poeta romántico colombiano, nacido el 22 de mayo de 1867 en Chiquinquirá. Influenciado por figuras como Bécquer, su poesía capturó la esencia del romanticismo con versos melancólicos y emotivos que resonaron profundamente en el pueblo.
Sus obras más conocidas incluyen Horas, Gotas de ajenjo, y Mis flores negras. Aunque vivió un tiempo en España como parte de la legación colombiana, se estableció en Usiacurí, Atlántico, donde falleció el 7 de febrero de 1923. Flórez es considerado uno de los grandes trovadores de Colombia, cuyo legado poético sigue siendo fundamental en la literatura del país.
Si bien Julio Flórez cuenta con varias poesías consideradas clásicas de la literatura colombiana, el poema más emblemático y popular, que incluso ha sido adaptado a la música (pasillo y bolero), es sin duda «Mis flores negras».
Este poema es un lamento profundo sobre la desolación y la pérdida de un amor, utilizando la metáfora de flores marchitas para representar los recuerdos dolorosos. La intensidad de las emociones y la musicalidad de sus versos lo convirtieron en un himno de la melancolía romántica en Colombia.
