Las políticas implementadas por Andrés Manuel López Obrador continúan influenciando, tanto positiva como negativamente, la administración de Claudia Sheinbaum, quien marca un año como la primera mujer en la presidencia de México. Esta herencia ha tenido un impacto directo en varios aspectos de su gestión, incluyendo la política interior, exterior, seguridad y comercio.
Según analistas, mientras que algunas acciones de López Obrador, como los programas sociales dirigidos a combatir la pobreza, lograron resultados favorables y una reducción significativa de casi el 15% en los índices de pobreza, su enfoque en seguridad ha complicado la situación para Sheinbaum. Su estrategia de “abrazos, no balazos”, que evitaba la confrontación directa con el crimen organizado, ha sido criticada por contribuir a una expansión de la actividad criminal, lo que ha llevado a la presidenta a enfrentarse a desafíos tanto internos como externos.
Las críticas más severas han llegado desde Estados Unidos, particularmente de Donald Trump, quien ha señalado a México por mantener una “alianza intolerable” con el narcotráfico. En respuesta a estas acusaciones, Trump ha impuesto aranceles a las importaciones mexicanas no cubiertas por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) y ha solicitado el despliegue de tropas estadounidenses en México para combatir los carteles de droga, propuesta que Sheinbaum ha rechazado por considerarla una violación a la soberanía nacional.
Desde su llegada al poder el 1 de octubre del año pasado, Sheinbaum ha intentado distanciarse de las críticas a la política de seguridad de López Obrador, pero la presión del gobierno estadounidense la ha llevado a centrar esfuerzos en desmantelar laboratorios de fentanilo y arrestar a criminales. Manuel López San Martín, periodista y analista político, ha señalado que la falta de acción de López Obrador en la persecución del crimen organizado ha facilitado las acusaciones actuales del gobierno de Trump y ha dejado a Sheinbaum en una situación complicada.
Adicionalmente, Sheinbaum debe lidiar con los compromisos y acuerdos que se establecieron bajo el liderazgo de López Obrador dentro de su partido, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Por ejemplo, varios de sus rivales políticos, como Marcelo Ebrard y Adán Augusto López Hernández, han obtenido posiciones clave, creando un escenario donde las lealtades políticas pueden obstaculizar su gestión.
La administración de Sheinbaum enfrenta también las repercusiones de los escándalos de corrupción que afectan a funcionarios cercanos a López Obrador. La situación de Adán Augusto López, quien ha sido vinculado a acusaciones de corrupción y vínculos con el narcotráfico, complica aún más su posición.
Pese a esto, Sheinbaum ha tratado de marcar la diferencia en su gestión. Ha nombrado a Omar García Harfuch como secretario de Seguridad, una decisión que ha sido bien recibida debido a su enfoque proactivo contra la delincuencia. Bajo su liderazgo, se ha observado una disminución del 25% en los homicidios, un alivio en comparación con la violencia extrema que caracterizó la administración de López Obrador.
A pesar de estos avances, la presidenta sigue enfrentando una intensa presión tanto de la oposición como del gobierno estadounidense, lo que indica que su camino a seguir será complejo y lleno de desafíos.
