Incertidumbre, angustia, ansiedad… son sentimientos comunes entre los venezolanos que han dejado su país en medio de la crisis política actual, caracterizada por una tensión militar sin precedentes entre el régimen de Nicolás Maduro y el gobierno de Donald Trump. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, casi 8 millones de venezolanos han abandonado su hogar en los últimos años, dejando atrás a familiares y amigos. La posibilidad de una intervención militar estadounidense ha intensificado la preocupación y la zozobra que ya sienten por los que dejaron atrás.
Elisa Costa, una psicóloga de 42 años que vive en Barcelona, expresa que la ansiedad es lo primero que se siente: «Es angustiante no saber qué está pasando y a quién creer». Desde que dejó Venezuela en 2017, su familia permanece allí, lo que genera en ella una mezcla de sentimientos y una desesperanza aprendida por los fracasos de intentos de cambio en el pasado.
La operación militar «Lanza del Sur», presentada por Estados Unidos como una campaña antidrogas, ha incrementado la presencia militar en el mar Caribe, lo que Maduro califica como una amenaza. Esta situación ha alimentado la ansiedad de los venezolanos en el exterior. El psicólogo Octavio León señala que cada persona vive la angustia de manera diferente, dependiendo de cuánto tiempo han estado fuera y del impacto emocional que la situación en su país sigue teniendo en ellos.
Eduardo Ortiz, un contador de 46 años radicado en México desde 2023, comenta que vive con muchas expectativas, siempre pendiente de noticias sobre la libertad de su país, lo que le genera un estado de alerta constante. Gabriela Velásquez, maestra de primaria en el sur de Florida, comparte que revisa su teléfono en busca de información, sintiendo la angustia de no saber cuándo terminará esta situación.
El escepticismo también prevalece entre los venezolanos en el exterior. León destaca que muchos sienten que han sido «traicionados» tantas veces que dudan de un cambio político positivo. Velásquez comparte su temor de que, si no logran un cambio ahora, el régimen de Maduro permanezca indefinidamente, como el cubano.
Los vínculos emocionales entre los que están dentro y fuera de Venezuela son complejos. Algunos familiares en Venezuela han creado un «escudo» emocional para manejar las expectativas, mientras que otros prefieren no hablar del tema por seguridad. La incertidumbre puede ser aún más intensa para quienes viven en diferentes zonas horarias, como Costa, que lucha por dormir mientras espera noticias.
El futuro de Venezuela es una preocupación constante. Gabriela Velásquez teme que, si Maduro es derrocado, el país enfrente una ola de violencia y desestabilización similar a lo que ocurrió en Colombia. Sin embargo, también existe un deseo colectivo de que Venezuela pueda avanzar y recuperarse, con anhelos de libertad y progreso en todos los aspectos de la vida.
En resumen, la situación en Venezuela no solo afecta a quienes permanecen en el país, sino que también tiene un profundo impacto emocional en aquellos que han tenido que dejarlo atrás, llevándolos a vivir en un estado de ansiedad constante mientras esperan un cambio que parece incierto.
