El renombrado músico argentino Lalo Schifrin tuvo una carrera brillante en Estados Unidos. Nacido el 21 de junio de 1932 en Buenos Aires, Argentina, Schifrin era de origen judío y era hijo de un violinista del Teatro Colón. Comenzó su formación musical en su ciudad natal con el padre del famoso director de orquesta y pianista Daniel Barenboim, antes de alcanzar notoriedad como pianista de jazz en París.
Durante su estancia en la capital francesa, Schifrin llevaba una vida musical dual: estudiaba música clásica con maestros como Charles Koechlin y Olivier Messiaen, mientras que por las noches se mezclaba con músicos de jazz en clubes, incluso actuando en la Sala Pleyel. Tras su regreso a Argentina, fundó una orquesta junto a Gato Barbieri y colaboró con el célebre bandoneonista y compositor Astor Piazzolla. Más tarde, se trasladó a la meca del cine, donde consolidó aún más su fama.
A lo largo de su carrera, Schifrin colaboró extensamente con el trompetista estadounidense Dizzy Gillespie, y juntos grabaron el álbum «Gillespiana» en 1960. Su trayectoria fue reconocida con cuatro premios Grammy, acumulando un total de 19 nominaciones a lo largo de varias décadas. Entre sus trabajos más destacados se encuentran la banda sonora de «Bullitt» (1968), la película «Operación Dragón» (1973) y la icónica serie de televisión «Starsky y Hutch». Su famoso tema para «Misión Imposible» le valió tres nominaciones consecutivas en la década de 1960.
Lalo Schifrin, que también fue pianista y director de orquesta, recibió seis nominaciones al Premio de la Academia por sus contribuciones a películas como «La leyenda del indomable» (1967), «Satanic» (1979) y «The Sting II» (1983). Además, compuso la banda sonora de «Harry el sucio», protagonizada por Clint Eastwood, quien le otorgó un Oscar honorario en 2018 en reconocimiento a su trayectoria.
Según informes de Deadline, Schifrin falleció en su hogar en California. La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas homenajeó su legado en redes sociales, describiéndolo como un «genio» que «creaba tensión, encendía la adrenalina y daba vida a las historias». En su mensaje, la institución del cine estadounidense destacó que siempre recordarán al compositor que transformaba cada latido en emoción y cada silencio en suspenso.
