El Rally Dakar no es solo una carrera; es un ejercicio de supervivencia donde la voluntad humana se enfrenta a la indiferencia de la naturaleza. Tras una jornada de descanso en Riad que permitió a los equipos reconstruir sus máquinas y a los pilotos recuperar algo de energía, la caravana del Dakar se ha adentrado hoy en la etapa 7, un recorrido de 877 kilómetros (483 de ellos de especial cronometrada) hacia Wadi Ad Dawasir. Los resultados de hoy han sacudido las clasificaciones y han dejado claro que, en esta edición de 2026, nadie tiene el trofeo asegurado.
Las dos ruedas: El renacer de Benavides y la gestión de Sanders
En la categoría de motos, la navegación fue el factor determinante. Las dunas de arena blanda y los valles de rocas ocultas pusieron a prueba la pericia de los mejores motoristas del mundo. El argentino Luciano Benavides, pilotando para el equipo oficial de KTM, dio una exhibición de lo que significa leer el terreno.
Benavides, quien había tenido una primera semana algo irregular debido a una pequeña lesión en el hombro, pareció haber encontrado su ritmo ideal tras el descanso. Marcó los mejores tiempos en casi todos los puntos de control, navegando con una precisión quirúrgica que le permitió evitar los errores que cometieron otros favoritos como Ross Branch. Al final del día, el menor de los Benavides se llevó la etapa con una ventaja considerable, saltando varias posiciones en la general y metiéndose de lleno en la pelea por el podio final.
Por otro lado, el líder de la general, el australiano Daniel Sanders, realizó una carrera inteligente. Sabiendo que abrir pista en estas dunas es una desventaja táctica (debido a que los de atrás siguen sus huellas), Sanders se mantuvo en un grupo perseguidor, cediendo algunos minutos pero protegiendo su liderato global. La clasificación general de motos es ahora una olla a presión: apenas seis minutos separan a los cinco primeros, lo que convierte a cada kilómetro restante en una final.
Autos: La victoria de Ekström y la resistencia de los veteranos
La competición de coches fue igualmente dramática. La jornada comenzó con el dominio de Henk Lategan, quien parecía encaminado a una victoria de etapa histórica para Toyota. Sin embargo, la crueldad del Dakar se manifestó en el kilómetro 440, cuando una rotura en la suspensión trasera obligó al sudafricano a detenerse, perdiendo más de dos horas esperando asistencia.
Este infortunio abrió la puerta a Mattias Ekström. El piloto sueco, conocido por su versatilidad en el rallycross y los circuitos, llevó su Ford a un ritmo endiablado en el último sector cronometrado, adjudicándose la etapa. Es un triunfo significativo para la marca del óvalo, que ha invertido fuertemente en este proyecto y finalmente ve resultados tangibles en la clasificación diaria.
Sin embargo, la verdadera batalla está en la lucha por el «Touareg» de oro. El catarí Nasser Al-Attiyah continúa demostrando por qué es considerado el «Príncipe del Desierto». A pesar de abrir pista durante gran parte del día, Nasser gestionó sus neumáticos y el consumo de combustible para minimizar pérdidas. Sigue líder, pero su ventaja ya no es tan cómoda.
El español Carlos Sainz, «El Matador», sigue en modo ataque. Aunque hoy tuvo un pequeño pinchazo que le costó tres minutos, su ritmo sigue siendo superior al de la mayoría. Sainz está en una misión de persecución constante, intentando forzar el error de Al-Attiyah. Mientras tanto, el también español Nani Roma sigue siendo el ejemplo de la consistencia. Sin hacer mucho ruido, Roma se mantiene en la tercera posición de la general, esperando su oportunidad si los dos líderes cometen un fallo catastrófico en las etapas de dunas masivas que están por venir.
El factor humano y el desafío logístico
Más allá de los tiempos, la etapa 7 destacó por su dureza física. Las temperaturas en el desierto saudí fluctuaron drásticamente, y el viento lateral dificultó la visibilidad, creando tormentas de arena localizadas que obligaron a algunos pilotos de motos a reducir la velocidad por seguridad.
El vivac en Wadi Ad Dawasir será esta noche un hervidero de actividad. Los mecánicos tienen por delante una noche larga para revisar cada tornillo, mientras los pilotos estudian el «roadbook» de mañana, que promete ser aún más complejo en términos de navegación.
El Dakar 2026 está cumpliendo con su promesa de ser uno de los más equilibrados de la última década. En motos, la juventud y la agresividad están desafiando a la experiencia, mientras que en coches, los veteranos están aguantando el empuje de las nuevas tecnologías y los pilotos de circuitos. Lo único seguro es que en el Dakar, el desierto siempre tiene la última palabra.
