​Sangre en la Amazonía La Fractura de las Disidencias y la Guerra que Desangra al Guaviare

​Sangre en la Amazonía: La Fractura de las Disidencias y la Guerra que Desangra al Guaviare

El departamento del Guaviare, históricamente conocido como la puerta de entrada a la Amazonía colombiana, se encuentra hoy sumergido en una de sus crisis de seguridad más agudas de la última década. Lo que en el papel se proyectaba como un camino hacia la «Paz Total», en el territorio se ha traducido en una guerra fratricida entre facciones de las antiguas FARC. En las últimas horas, la confirmación de al menos 26 combatientes fallecidos en enfrentamientos internos ha encendido todas las alarmas nacionales e internacionales.
​Esta no es una guerra convencional contra el Estado; es una lucha por la supervivencia y la hegemonía criminal entre dos figuras que antes caminaban bajo la misma bandera: «Iván Mordisco» y «Calarcá».

​1. El Origen del Conflicto: De la Unidad a la Fragmentación
​Para entender por qué el Guaviare está ardiendo, es necesario retroceder al proceso de paz de 2016. Mientras la mayoría de las FARC-EP deponía las armas, el Frente Primero, liderado por Néstor Gregorio Vera Fernández, alias «Iván Mordisco», fue el primero en declararse en disidencia. Durante años, Mordisco logró consolidar una estructura unificada bajo el nombre de Estado Mayor Central (EMC).
​Sin embargo, el poder absoluto suele traer consigo divisiones internas. La ruptura con alias «Calarcá», un mando medio que ascendió rápidamente en la estructura, no fue solo ideológica, sino estratégica y financiera.

​La ruptura de la cadena de mando
​La fragmentación actual responde a una disputa sobre cómo negociar con el Gobierno Nacional. Mientras una facción buscaba mantener una postura de confrontación armada para presionar concesiones políticas, la otra veía en el diálogo una oportunidad de consolidar su control territorial sin la presión constante del Ejército. Esta falta de consenso derivó en una declaración de guerra abierta que hoy tiene al Guaviare como su epicentro de violencia.

​2. El Campo de Batalla: Geopolítica del Narcotráfico y la Minería
​El Guaviare no es elegido al azar por estos grupos. Su ubicación es estratégica por tres razones fundamentales:

  • ​Rutas de Movilidad: El departamento conecta el centro del país con las profundidades de la selva amazónica y las fronteras con Brasil y Venezuela. Estos corredores son vitales para el tráfico de pasta base de coca.
  • ​Economías Ilícitas: Más allá del narcotráfico, la minería ilegal de oro y la extorsión a ganaderos y comerciantes locales generan ingresos mensuales de miles de millones de pesos. Quien controle el Guaviare, controla la «caja menor» de la insurgencia.
  • ​Control Social: En estas zonas, el Estado ha tenido una presencia históricamente débil. Los grupos armados fungen como jueces, policías y administradores, cobrando «impuestos» por cada actividad económica.

​3. La Masacre de las 26 Vidas: Crónica de un Enfrentamiento Anunciado
​Los reportes que llegan desde las veredas más remotas del Guaviare describen escenas dantescas. Los enfrentamientos entre los hombres de Mordisco y las unidades leales a Calarcá se han dado en zonas de espesa vegetación, donde la artillería ligera y los francotiradores son las armas principales.
​»La cifra de 26 fallecidos es preliminar. Debido a que los grupos armados suelen llevarse los cuerpos de sus caídos para evitar el conteo oficial de las autoridades, el número de víctimas podría ser significativamente mayor», explican analistas de seguridad en la región.

​El Ejército Nacional, aunque ha intensificado sus patrullajes y operaciones de inteligencia, se enfrenta a un desafío táctico inmenso. La selva amazónica es un entorno hostil donde la tecnología de vigilancia suele fallar bajo el dosel de los árboles, y donde las minas antipersonales se convierten en el «muro invisible» que protege a las retaguardias de los grupos ilegales.

​4. El Impacto Humano: Comunidades en el Fuego Cruzado
​Detrás de las cifras de combatientes muertos, se esconde la verdadera tragedia: la población civil. El Guaviare es hogar de comunidades campesinas resilientes y de pueblos indígenas ancestrales que hoy se ven obligados a abandonar sus tierras.

  • ​Desplazamiento Forzado: Familias enteras han huido hacia San José del Guaviare, dejando atrás sus cultivos y animales, ante el temor de ser reclutados o quedar atrapados en los combates.
  • ​Confinamiento: En muchas veredas, la orden de los grupos armados es clara: nadie entra y nadie sale. El confinamiento está generando crisis de desabastecimiento de alimentos y medicinas.
  • ​Reclutamiento Infantil: La guerra interna aumenta la «necesidad» de soldados, lo que pone en riesgo inminente a los menores de edad de la región, quienes son vistos como carne de cañón para estas estructuras.

​5. La Política de «Paz Total» ante su Reto más Grande
​El Gobierno Nacional ha apostado su capital político a la estrategia de la Paz Total. Sin embargo, los eventos en el Guaviare ponen en duda la viabilidad de este proyecto cuando no existe una unidad de mando en los grupos con los que se pretende negociar.
​El dilema del Ministerio de Defensa
​La opinión pública y los entes de control exigen una respuesta contundente. ¿Cómo se puede negociar un cese al fuego con un grupo que está en guerra consigo mismo? La falta de jerarquía clara hace que cualquier acuerdo firmado en una mesa de negociación en Bogotá o en el exterior sea ignorado por los frentes que operan en el territorio.
​La presión sobre el Ministro de Defensa es máxima. Se le exige una ofensiva que recupere el orden público, pero bajo la estricta vigilancia de los Derechos Humanos, en un escenario donde la distinción entre combatiente y civil es cada vez más borrosa.

​6. Perspectivas a Futuro: ¿Qué esperar en el Guaviare?
​La resolución de este conflicto no parece estar cerca. Mientras las rutas del narcotráfico sigan siendo rentables y la presencia del Estado se limite únicamente a la bota militar sin inversión social, el ciclo de violencia se repetirá.
​Para que el Guaviare encuentre una paz duradera, se requieren acciones en tres frentes:

  • ​Inversión Social Integral: No basta con enviar tropas; se necesita formalización de la propiedad de la tierra, vías de comunicación y mercados legales para los productos campesinos.
  • ​Protección de la Amazonía: La lucha contra la deforestación (financiada por estos grupos) debe ser una prioridad de seguridad nacional.
  • ​Claridad en la Negociación: El Gobierno debe establecer líneas rojas claras. El uso de la población civil como escudo y las guerras intestinas deben ser motivos de exclusión inmediata de cualquier beneficio jurídico.

    ​La tragedia de los 26 fallecidos en el Guaviare es un recordatorio doloroso de que la paz en Colombia no se firma solo en un papel; se construye en el territorio. Mientras las selvas del sur sigan siendo el escenario de vendettas criminales, el sueño de una Amazonía en paz seguirá siendo una quimera. La sociedad colombiana espera que esta masacre sea el punto de inflexión para una presencia estatal real que devuelva la esperanza a los habitantes del Guaviare.

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