El presidente Donald Trump afirmó el jueves que las fuerzas armadas de Estados Unidos «iniciarán pronto» operaciones terrestres para combatir a los «narcotraficantes» de Venezuela y así frenar el tráfico de drogas hacia su país. En una conversación con miembros del servicio militar, Trump destacó que «han estado trabajando para disuadir a los narcotraficantes venezolanos, que son numerosos. Ya no llegan tantos por mar, para enviar su veneno a Estados Unidos, donde causan la muerte de cientos de miles de personas cada año».
«Nos encargaremos de eso (…) Probablemente hayan notado que ya no quieren realizar entregas [de drogas] por mar, y también comenzaremos a detenerlos por tierra. La operación terrestre es más sencilla, y eso comenzará muy pronto», añadió, tras semanas de actividad militar de sus buques en aguas cercanas a Venezuela. A pesar de la controversia que rodea este despliegue, Trump subrayó los resultados, afirmando que «se ha detenido alrededor del 85% del tráfico por mar», aunque no proporcionó detalles que respaldaran esta cifra.
A mediados de octubre, Trump ya había mencionado que, tras la fase marítima, Estados Unidos estaba listo para llevar a cabo ataques en tierra contra los narcotraficantes venezolanos, lo que generó especulaciones sobre posibles operaciones militares en ese país sudamericano.
La extensa campaña militar de Estados Unidos cerca de las costas de Venezuela incluye el despliegue del portaaviones Gerald R. Ford, el más grande del mundo, junto a una flotilla de cerca de diez barcos de guerra, decenas de aviones de combate, bombarderos y aviones de reconocimiento, además de casi 15,000 soldados y marines. Este despliegue es percibido como una táctica de intimidación contra el líder venezolano Nicolás Maduro, a quien Washington considera el jefe del Cartel de los Soles y por quien ofrece una recompensa de 50 millones de dólares.
Desde el 2 de septiembre, los militares estadounidenses han atacado aproximadamente 21 pequeñas embarcaciones en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico oriental, resultando en la muerte de al menos 80 tripulantes, a quienes el Pentágono califica de «narcoterroristas». Sin embargo, el gobierno de Trump no ha presentado pruebas de estas acusaciones, y las muertes han sido criticadas por legisladores y la ONU, que las ha calificado de «ejecuciones extrajudiciales».
La tensión aumentó el 24 de noviembre, cuando la Casa Blanca designó al Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera. El gobierno de Maduro, que no es reconocido por Washington como presidente de Venezuela, rechaza las acusaciones de narcotráfico, argumentando que Estados Unidos está llevando a cabo una «guerra psicológica» que ha durado 17 semanas.
En este contexto, la República Dominicana ha autorizado el uso de su principal aeropuerto y una base aérea para las operaciones antinarcóticos de Estados Unidos. Trump ha manifestado su disposición a dialogar con Maduro «para salvar vidas de la manera más sencilla», pero también ha indicado que si es necesario hacerlo «de la manera difícil, también está bien». Mientras tanto, Estados Unidos fortalece sus alianzas con países del Caribe, y tanto República Dominicana como Trinidad y Tobago han reafirmado su apoyo a Washington en su lucha contra el narcotráfico.
