Dos años después del comienzo del cautiverio de los rehenes israelíes y de una devastadora masacre que ha costado la vida a casi 68.000 palestinos, la consolidación de un alto el fuego en Gaza se presenta como una realidad, al menos por ahora. Este lunes, más de 20 líderes internacionales se reunieron en la ciudad balneario de Sharm el Sheij, Egipto, para presenciar la firma de un acuerdo en una ceremonia que tuvo como protagonistas al presidente estadounidense, Donald Trump, y al anfitrión, Abdel Fattah al-Sisi. Sin embargo, ni Israel ni Hamás estuvieron representados, a pesar de que Egipto había anunciado la asistencia del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Entre los asistentes, se encontraban figuras como el rey de Jordania, así como los presidentes de Francia, España, y del Consejo Europeo, además del primer ministro británico y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás. Durante el evento, Trump expresó que «ya están trabajando en la siguiente fase» del alto el fuego, la cual incluirá la implementación de mecanismos para la reconstrucción de Gaza, la transición política en la región y el desarme de Hamás. El presidente estadounidense, quien se tomó fotografías con cada uno de los líderes, mostró su confianza en el acuerdo, asegurando que habría «enormes progresos, tanto en Oriente Medio como en el resto del mundo». «Es el día en que todos ven la luz después de trabajar arduamente», afirmó Trump.
En contraste, Al-Sisi adoptó un tono más cauteloso, enfatizando la importancia de «fijar el alto el fuego y asegurarse de que se mantenga». Antes de llegar a Egipto, Trump aterrizó en Israel justo cuando se liberaban los últimos rehenes con vida, de un total de 48 capturados por Hamás. Esta liberación, junto con la de 2.000 palestinos encarcelados, es uno de los puntos destacados en la primera fase del acuerdo que Trump ha calificado de «histórico». Recibido como un héroe, el mandatario estadounidense dirigió un discurso ante la Knéset (Parlamento israelí) y se reunió con las familias de los rehenes.
La cumbre se celebró apenas tres días después del inicio del alto el fuego y de la retirada de las tropas israelíes de las principales ciudades de Gaza. Sin embargo, el éxito del acuerdo no está garantizado. Quedan por definir los siguientes pasos del plan de 20 puntos, que incluyen el futuro de Hamás, que ya ha rechazado las exigencias de un desarme total. En el seno del Gobierno israelí, la decisión de retirar sus tropas del territorio palestino ha generado opiniones encontradas.
«Han sido necesarios 3.000 años para llegar a este momento», destacó el presidente estadounidense, subrayando la singularidad de la reunión y la importancia del acuerdo para Gaza y la paz en Oriente Medio. Antes de firmar el acuerdo, celebró el papel mediador de Egipto, Catar y Turquía, siendo Erdogan quien ha sido más crítico con las acciones militares israelíes en Gaza. Tras la firma, Trump proclamó que este «es el acuerdo más grande que ha ocurrido en los últimos años y que ocurrirá nunca». Durante su discurso, agradeció a los presentes y afirmó que, gracias a sus esfuerzos, «nunca habrá una tercera guerra mundial en Oriente Próximo».
El presidente egipcio también reconoció el trabajo de Trump para poner fin a la masacre en Gaza, aunque recordó que «los palestinos tienen derecho a su autodeterminación». Al-Sisi hizo hincapié en que se debe buscar un Estado que pueda vivir en paz con Israel, sugiriendo que «los rivales del ayer pueden ser los aliados del mañana», refiriéndose a una «solución de dos Estados», que se menciona vagamente en los últimos puntos del plan de Trump para Gaza.
En cuanto al futuro del alto el fuego, Egipto ha indicado que el acuerdo «pretende poner fin a la guerra en la Franja de Gaza, intensificar los esfuerzos por la paz y abrir una nueva etapa de seguridad y estabilidad en Oriente Medio». Estas palabras coinciden con las de Trump, quien sigue insistiendo en «lograr una paz duradera en la región».
Trump se muestra optimista sobre la duración de la tregua y ha afirmado que pronto habrá un Gobierno de transición y un cuerpo internacional que administre la Gaza de la posguerra, aunque los detalles aún están por definirse. Hasta ahora, además de la liberación de rehenes y la retirada israelí, Israel ha permitido la entrada de ayuda humanitaria a la Franja. Por cuarto día consecutivo, una caravana con cientos de camiones ha cruzado hacia Gaza, siempre bajo la supervisión de Israel. Antes del 7 de octubre, entraban al enclave unos 600 vehículos diarios, cifra que las organizaciones internacionales consideraban insuficiente.
En Gaza, la población aún vive en la incertidumbre, ya que fue Israel quien rompió unilateralmente la tregua anterior. Sin embargo, el fin de las hostilidades ha permitido a medio millón de desplazados regresar a sus hogares. Entre la devastación, algunos han podido recuperar los cuerpos de sus seres queridos, aunque las autoridades estiman que unos 10.000 cuerpos están sepultados bajo las ruinas. En Tel Aviv, Netanyahu se ha atribuido la victoria en una contienda que aún no considera terminada, mientras insiste en que persisten nuevos desafíos en materia de seguridad. Por el momento, su ministro de Defensa, Israel Katz, ha ordenado al Ejército que destruya la red de túneles de Hamás, donde muchos rehenes han permanecido cautivos durante los dos años de masacre en Gaza.
La Administración Trump confía en que la cumbre de Sharm el Sheij marque «el inicio de una nueva era de paz regional» y sienta las bases para un proceso más amplio de reconciliación entre Israel y el mundo árabe. Poner fin a la masacre fue una de sus grandes promesas de campaña y, hasta ahora, representa su mayor éxito diplomático desde su regreso a la Casa Blanca.
