Una paz justa y duradera» es la definición que han propuesto los líderes europeos como el objetivo primordial en las negociaciones para poner fin a la guerra en Ucrania. Sin embargo, surge la pregunta: ¿qué implican estos términos para Europa? «Justa» se refiere a que el agresor, en este caso Rusia, no debe salir beneficiado, mientras que «duradera» implica que ambas partes respeten el acuerdo, evitando que Rusia intente nuevamente conquistar territorio ucraniano por la fuerza. Es precisamente en la interpretación de «justa y duradera» donde se encuentra el obstáculo que ha dificultado alcanzar un acuerdo de paz, a medida que nos acercamos al cuarto año de conflicto, desde el 24 de febrero de 2022.
El plan de paz propuesto por el gobierno de Estados Unidos ha sido descrito por algunos senadores estadounidenses como una lista de deseos de Moscú. Marco Rubio, el Secretario de Estado, ha sido señalado en privado por haber definido así la propuesta de la Casa Blanca. Aunque Rubio lo ha negado públicamente, el contexto de la política de Trump sugiere que hay un giro significativo en la postura de Estados Unidos respecto a Rusia y la invasión de Ucrania. Trump ha dejado de considerar a Rusia como un agresor, sugiriendo que hay dos partes igualmente responsables en el conflicto, y ha revalorizado la imagen de Putin, mientras que ha minimizado el papel de Zelenski, el presidente ucraniano.
Se han filtrado aspectos de la propuesta que Washington esperaba que Ucrania aceptara rápidamente. Aunque no se ha publicado oficialmente un plan de paz, medios como Axios han revelado 28 puntos que incluyen concesiones significativas a Rusia, consideradas inaceptables por Ucrania. Por ejemplo, se exige que Ucrania ceda todo el Donbás, renuncie a su aspiración de unirse a la OTAN e incluso reduzca su ejército. Además, se plantearía el levantamiento de sanciones a Rusia y su reintegración a la comunidad internacional.
Estas condiciones no se alinean con el concepto europeo de una paz justa, ya que recompensan al agresor. Además, no ofrecen garantías de seguridad a Ucrania, lo que hace que la paz no sea duradera, dado que no se especifica cómo se evitaría una nueva agresión por parte de Rusia.
La contrapropuesta europea, elaborada por Alemania, Francia y el Reino Unido, ha sido también objeto de filtraciones. En esta propuesta, se establece que Ucrania no intentará recuperar militarmente los territorios ocupados y se sugiere un congelamiento de la línea del frente. La posibilidad de que Ucrania se una a la OTAN se deja abierta, y se introduce la idea de que Estados Unidos respondería militarmente si Rusia incumple el acuerdo de paz, ofreciendo así garantías de seguridad a Ucrania.
Ambas propuestas coinciden en la intención de que Ucrania se una a la Unión Europea, un proceso que ya está en marcha. También hay un debate sobre el uso de los activos económicos rusos congelados como parte del financiamiento para la reconstrucción de Ucrania. Mientras que el plan de Trump propone que Estados Unidos obtenga beneficios sustanciales de este proceso, la contrapropuesta europea se centra en compensar a Ucrania utilizando esos activos rusos.
En resumen, el enfoque de la propuesta de Trump parece más orientado hacia transacciones y beneficios para Estados Unidos, mientras que la contrapropuesta europea busca una solución que respete la soberanía de Ucrania y su derecho a la recuperación. La forma en que se manejan estas negociaciones refleja no solo diferencias en los objetivos políticos, sino también en la filosofía que guía cada postura. Mientras que uno se centra en la transacción, el otro enfatiza la justicia y la estabilidad a largo plazo en la región.
