Un informe del BCE concluye que el uso del dinero en efectivo aumenta en tiempos de crisis

El Banco Central Europeo (BCE) ha llegado a la conclusión de que el uso del efectivo tiende a aumentar en períodos de crisis, especialmente «cuando la estabilidad se ve amenazada». En su análisis, el BCE ha examinado varios episodios significativos, como la pandemia de Covid-19, la invasión rusa de Ucrania, el apagón en la península Ibérica del 28 de abril de 2025 y la crisis de deuda soberana griega. El informe señala que, «sin importar la naturaleza» de la crisis, su alcance geográfico o el grado de digitalización, la demanda y el uso de efectivo incrementan. Por ejemplo, durante la pandemia, se observó un acaparamiento preventivo de dinero en efectivo debido a la incertidumbre generalizada. En el caso de la invasión de Ucrania, se registró un aumento rápido en la demanda de efectivo en los países vecinos. Asimismo, el apagón en la península ibérica «demostró que el efectivo es un método de pago esencial cuando las infraestructuras digitales fallan».

El informe resalta un patrón recurrente: en momentos de incertidumbre, las personas tienden a recurrir al dinero físico como una forma de reserva de valor confiable, dado que este ofrece «un medio de pago resistente». Además, el efectivo proporciona un «seguro social» y actúa como un refugio frente a la «inestabilidad sistémica», empoderando a los usuarios al permitirles realizar transacciones de forma anónima.

**El apagón del 28 de abril: La relevancia del efectivo ante fallos en infraestructuras digitales**

¿Qué ocurre con el dinero cuando las infraestructuras digitales dejan de funcionar? Esta situación se vivió en la península ibérica el 28 de abril de 2025, cuando un apagón prolongado afectó también a partes del sur de Francia. A las 12:33 hora peninsular española, la red eléctrica ibérica perdió sincronismo con la red europea, resultando en un apagón casi total que afectó a más de 50 millones de personas. Según el BCE, los pagos con tarjetas físicas cayeron entre un 41% y 42% en las zonas afectadas en comparación con las no perjudicadas. Además, el comercio electrónico nacional se desplomó un 54%, lo que resultó en un descenso del 34% en el consumo total nacional durante ese día. Las pérdidas directas del PIB se estiman entre 400 y 1,600 millones de euros. Durante el apagón, el efectivo se convirtió en la única opción viable de pago, ya que los billetes continuaron funcionando mientras que los sistemas digitales y muchos cajeros automáticos estaban inoperativos.

El día del apagón, la retirada de efectivo de los cajeros cayó en las zonas afectadas, pero en las que no sufrieron interrupciones, los retiros de efectivo aumentaron. Al restablecerse la electricidad, se produjo un incremento notable en los retiros, «superando con creces los niveles típicos». Según una encuesta del BCE, «el 39% de los españoles mantuvo reservas de efectivo en casa por precaución». El aumento en los retiros al día siguiente se interpretó como un «efecto de reabastecimiento» tras gastar más efectivo de lo habitual, así como un posible incremento en reservas cautelares.

**Otros episodios significativos**

La pandemia de Covid-19, que comenzó a inicios de 2020, provocó un aumento «extraordinario y sostenido» en la demanda de efectivo. Al cierre de 2020, la emisión de billetes en la eurozona había crecido en más de 140 mil millones de euros, un aumento de más de 85 mil millones (un 130% más) en comparación con el crecimiento anual medio previo a la pandemia, que era de 55 mil millones. Este aumento se produjo a pesar de la reducción en las compras diarias debido a los confinamientos, problemas de salud y el incremento de pagos en línea.

La invasión rusa de Ucrania también generó «un aumento significativo» en la demanda de efectivo en países cercanos al conflicto. En estas naciones, la preocupación por posibles ciberataques rusos a infraestructuras digitales y el riesgo geopolítico de la guerra llevaron a un incremento en la percepción de la necesidad de contar con una reserva de valor tangible y confiable. Por último, durante la crisis de deuda soberana griega (2009-2018), la «incertidumbre del mercado» provocada por la inestabilidad política y el «ajuste macroeconómico» produjo una gran demanda de billetes en Grecia, donde desde finales de 2014 hasta mediados de 2015, la emisión diaria de billetes superó considerablemente los niveles esperados.

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