Un niño nace convencido de que es digno de ser amado, por eso actúa con soltura, tomando y pidiendo lo que quiere. Existe un dicho popular que reza “todo niño nace con un bollo de pan debajo del brazo.” La verdad es que nacemos con tanques llenos. Uno dice “soy amado” el otro dice “soy capaz” y con ese arsenal enfrenta al mundo. Sin embargo, ¿qué pasa? ¿Por qué pierde la autoestima? Pues uno de los elementos que más afecta es que empieza a tener contacto con el mundo a través de los sentidos, lo que escucha, lo que ve, lo que palpa en su piel, hasta las vibraciones energéticas que va sintiendo a su alrededor, si se encuentra en un ambiente cálido, amoroso, transparente donde el afecto es expresado abiertamente, pues va desarrollando su autoestima, en cambio, si está en un ambiente hostil de emociones encontradas, donde lo primero que va enfrentando desde la manera que fue concebido, el amor con el que fue engendrado, la energía de la madre, la energía del padre, luego el nivel de aceptación cuando sus padres se enteran de que están esperando un hijo. La madre se alegra, desea a su hijo, le dirige palabras de amor. Por ello el ser padres debe ser un acto consciente y no producto del azar.
Continuando con el desarrollo psicoemocional, el ambiente de aceptación y amor en el que el niño vive, las cosas que le dicen, las experiencias que vive son parte de lo que se llaman mensajes de la niñez, ojo no es lo que pasa sino como la familia asume lo que le pasa, son las actitudes lo que ventila las emociones internas. Aquí hay que hacer un paréntesis porque la influencia principal está determinada por dos emociones, el miedo o el amor, allí donde el tanque de “soy capaz» empieza a vaciarse o mantenerse lleno, tú puedes proteger al niño desde el amor, o sobreprotegerlo desde el miedo. Pongamos un ejemplo, la madre constantemente se está enfrentando al mensaje “eres buena madre o eres mala madre” por las cosas que le dicen en su entorno constantemente puede ser cuestionada desde afuera o cuestionarse ella misma, esa dinámica mental de repente se enfrenta a un accidente, el niño se cae y se golpea, y todos esos pensamientos auto castigadores se manifiestan, la Abuela materna aparece cuestionando o criticando la forma de llevar la crianza y Pum esa caída genera Culpa EN LA MADRE, y esta culpa no la deja criar sanamente y la respuesta empieza a ser la SOBREPROTECCIÓN como mecanismo compensatorio. Esta es una mezcla de miedo con amor y a veces un poquito de rabia, pues va generando dudas en su autoafirmación.
Tomado de Blog familiados
Por ello es importante cuando se es padre y se esta criando, estar en contacto con las emociones propias, ¿quién soy? ¿Qué busco en la vida? ¿Cuál es mi realidad existencial? A veces una madre queda embarazada consciente o inconscientemente para tapar ese vacío que ella presenta en su propio yo.
Podemos criar a un hijo con el yo débil enseñándole “tu no puedes solo” “tu siempre me vas a necesitar” “es que yo soy tu mamá” sobreprotegido, frágil emocionalmente y centrado en el miedo, ¿Por qué? Porque “EL MUNDO ES PELIGROSO”.
Pero tenemos el poder de criar a un hijo desde el amor desde EL YO FUERTE, fortaleciendo su autoestima, su autovaloración, haciéndolo sentir querido, pero también capaz, que, si puede, desde el optimismo, desde la autonomía, convirtiéndonos en padres atentos pero no hiperpresentes, apoyándolos pero dejándolos que caminen con sus propios pies.
Tomado de HOMEOSTASIS.
La clave para hacer una buena crianza de los hijos es estar consciente de tus propias heridas y buscar la manera de sanarlas, el mayor enemigo es la falta de consciencia.

