El día de hoy vamos a un terreno completamente distinto que el artículo anterior sobre la queja, vamos al terreno del bienestar, tema difícil de hablar por el hecho que nos cuesta decir y hacer cosas que redunden en nuestro bienestar simplemente porque el malestar es muy poderoso. Por ejemplo, si tenemos un balde lleno de agua limpia y cristalina y con un gotero le echamos una gota de agua sucia, pues ya todo el balde está lleno de agua sucia, por eso es más fácil criticar que alabar. Por otra parte, cuando hemos tenido experiencias de decepción y frustración de expectativas, incluso desde muy niños nos armamos una coraza defensiva ante todo el que se acerca a alabarnos o darnos cariño. La desconfianza se ha vuelto nuestra mejor defensa para que no nos hagan daño. Frases como “desconfía y acertaras” o “el que no la hace a la entrada, la hace a la salida” muestran esos temores ocultos, y muchas cosas, como esas, nos van predisponiendo ante el contacto social para no salir heridos.
Sin embargo, si logramos superar esa coraza de desconfianza, somos bienvenidos a la felicidad, porque el bienestar es nuestra condición natural y nuestro cerebro está lleno de neurotransmisores que riegan el bienestar a cada una de nuestras células. Así tenemos primero La OXITOCINA que cuando das abrazos diarios a tus amigos, familiares y personas queridas se libera para fortalecer nuestro sistema inmunológico que es el encargado de defendernos agentes patógenos como virus, bacterias y células malignas como las cancerosas. Otra muy importante es LA DOPAMINA que es la que nos da alegría y esperanza cuando sabemos que hay cosas buenas por venir, es la que nos lleva a ser creativos y a soñar con un mundo mejor. La siguiente es LA SEROTONINA, el neurotransmisor de la satisfacción, ese que surge en nuestros logros y metas alcanzadas, esa nos lleva lo que nos está pasando en el momento y también se libera cuando tenemos esos recuerdos agradables de experiencias vividas y pongo como ejemplo mi último viaje a Santa marta sentado frente al mar en la playa Bello Horizonte, quizás el atardecer más hermoso de Colombia.
Por último están LAS ENDORFINAS que se liberan cuando hacemos algo agradable desde lo más sencillo como tomar una limonada para disminuir el calor o comemos nuestra comida preferida, hacemos el amor con la persona que amamos, esa que nos hace sonreír cuando estamos haciendo algo placentero que nos gusta mucho.
Esas son las que necesitamos, no necesitamos ni drogas, ni alcohol, solo buscar experiencias que nos hagan liberar estas poderosas sustancias. En nuestro cerebro está todo lo que necesitamos para ser felices y tener una vida placentera y está en nosotros el aprovecharlas.

