Un fuerte terremoto de magnitud 6.3 ha sacudido este lunes las cercanías de Mazar-e Sharif, en el norte de Afganistán, causando al menos 27 muertes y más de 700 heridos. El sismo sorprendió a la población mientras dormía, revelando una vez más la grave vulnerabilidad del país ante desastres naturales. Las autoridades han advertido que el número de víctimas podría aumentar.
De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, el terremoto se produjo a una profundidad de 28 kilómetros cerca de Mazar-e Sharif, que cuenta con una población aproximada de 523.000 habitantes. El Ministerio de Defensa talibán ha señalado que las provincias más afectadas son Balkh y Samangan, donde se han reportado la mayoría de las víctimas mortales. También se sintió con intensidad en Kabul y en varias otras provincias del norte y noreste, incluyendo Kunduz, Takhar y Bamiyan.
Los equipos de rescate están trabajando arduamente para localizar a los sobrevivientes. Sharfat Zaman, portavoz del Ministerio de Salud, ha indicado que el número de muertos y heridos podría seguir en aumento. El USGS ha reiterado que es probable que haya un número considerable de víctimas y que el desastre tenga un impacto generalizado.
Entre los daños, se ha reportado la destrucción parcial del santuario sagrado de Mazar-i-Sharif, específicamente la Mezquita Azul, según Haji Zaid, portavoz de la provincia de Balkh. Imágenes difundidas por los rescatistas muestran a personas atrapadas bajo los escombros y edificios colapsados.
Afganistán se encuentra en una zona de colisión entre las placas tectónicas india y euroasiática, lo que lo hace propenso a terremotos. La fragilidad de las infraestructuras y la construcción de adobe en áreas rurales agravan la letalidad de estos fenómenos. En agosto, más de 2.200 personas perdieron la vida y miles más resultaron heridas debido a un terremoto y sus réplicas en el sureste del país, que ya ha sido devastado por años de conflicto.
