**06.04.2026 – 16:06 | Actualizado: 06.04.2026 – 17:50**
La guerra iniciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra Irán avanza a través de una serie de ultimátums sin plazos concretos. Este conflicto, que se perfila como una de las peores pesadillas para un país que había prometido dejar atrás largas guerras como las de Irak y Afganistán, ha llevado a Trump a proclamarse como un presidente de paz. Sin embargo, el 28 de febrero, en colaboración con su aliado Benjamín Netanyahu, intensificó su participación en aventuras militares.
En las primeras etapas del conflicto, la Casa Blanca planteó un plazo de entre cuatro y seis semanas para resolver la situación, pero la realidad en el terreno ha desdibujado estas promesas. Trump y sus asesores han sido optimistas pero vagos en sus declaraciones, con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, argumentando que proporcionar más detalles podría perjudicar la ventaja estratégica de Estados Unidos.
A pesar de que han afirmado alcanzar ciertos objetivos, la posibilidad de un conflicto prolongado se ha vuelto más real. Diego Checa, director del Instituto Universitario de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, señala que «los objetivos estratégicos son difusos y han cambiado». La meta del cambio de régimen se ve cada vez más lejana, dado que el antiguo líder supremo, Alí Jameneí, ha caído, pero el sistema iraní continúa operativo y ha incluso «radicalizado» su postura.
A pesar de que la administración estadounidense ha declarado que ha desmantelado las capacidades militares principales de Irán, este país sigue lanzando misiles y no muestra signos de agotamiento en su arsenal. Michael Hanna, director del programa de Estados Unidos del International Crisis Group, opina que es complicado prever el futuro del conflicto, ya que Trump ha actuado de manera impredecible y las opciones que enfrenta son desfavorables. La guerra no está yendo como se había planeado, y los costos y riesgos continúan aumentando.
Hanna advierte que un «final abrupto» podría representar una gran humillación para Estados Unidos, considerando que Irán ha utilizado la escalada bélica para fortalecer su control sobre el estrecho de Ormuz, a pesar de los devastadores efectos en su territorio.
En este contexto, el régimen iraní ha utilizado el derribo de aviones estadounidenses para cuestionar la supuesta infalibilidad de las fuerzas de Estados Unidos. Mientras tanto, la opinión pública en EE. UU. se muestra cada vez más preocupada por el costo del conflicto, especialmente con las elecciones parlamentarias a la vista.
El profesor Daniel Byman, del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, destaca que, aunque las capacidades convencionales de Irán han sido debilitadas, las guerras se deciden por más que solo la situación en el campo de batalla. Irán parece estar logrando un éxito significativo al desviar la atención del conflicto hacia otras regiones, impactando los mercados energéticos globales y mostrando los límites del poder coercitivo estadounidense.
Mientras tanto, la diplomacia aparece como una posible salida. Pakistán ha asumido el papel de mediador, aunque la desconfianza entre ambas partes complica el avance de las negociaciones. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní ha declarado que las negociaciones son «incompatibles» con las amenazas de Trump, quien está dispuesto a desatar un «infierno» si Irán no cede. Ante este escenario, el futuro del conflicto sigue siendo incierto y lleno de tensiones.
