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En un movimiento que ha sacudido los cimientos de las coaliciones políticas en Colombia, el Partido Liberal ha anunciado oficialmente que no participará en las consultas interpartidistas programadas para marzo de 2026. La decisión, que marca un distanciamiento drástico de la estrategia de «megaconsulta» que el expresidente César Gaviria Trujillo venía impulsando meses atrás, redefine por completo el panorama electoral del país y deja en el aire las alianzas de centro y centroderecha que buscaban consolidar un bloque único frente al oficialismo.
La determinación del «trapo rojo» no es un hecho aislado. Se produce en un contexto de alta fragmentación política y en medio de una crisis de representación que ha llevado a las colectividades tradicionales a replantear su supervivencia. Según fuentes internas de la colectividad, la prioridad absoluta para el 2026 no será la Casa de Nariño —al menos no de forma inmediata—, sino el Capitolio Nacional.
La «atomización»: El enemigo silencioso del Liberalismo
El argumento central esgrimido por las directivas liberales para este repliegue táctico es la denominada «atomización de candidatos». En un escenario donde proliferan aspirantes con poco capital electoral pero gran capacidad de dispersión de votos, el partido considera que participar en una consulta abierta en marzo diluiría su fuerza y desgastaría sus cuadros directivos en una pelea interna que podría terminar favoreciendo a candidatos externos.
«La decisión de no participar en una consulta interpartidista está directamente relacionada con la falta de cohesión en las candidaturas presidenciales actuales. Dedicaremos nuestro trabajo y recursos a las elecciones al Congreso», señalaron portavoces oficiales del partido.
Este enfoque busca evitar que el partido quede «atrapado» en una coalición que no garantice el éxito presidencial, prefiriendo conservar su autonomía para negociar en una eventual segunda vuelta o mediante mecanismos de selección más controlados, como encuestas internas o convenciones nacionales con otros sectores políticos.
El Congreso como trinchera y la fecha clave: 8 de marzo
El Partido Liberal es consciente de que su verdadero poder reside hoy en su estructura regional y su representación parlamentaria. Por ello, todos los esfuerzos de la maquinaria gavirista se concentrarán en el 8 de marzo de 2026, día en que se llevarán a cabo tanto las elecciones legislativas como las consultas de los sectores que sí decidan participar.
La meta es clara: obtener un número de curules en Senado y Cámara que los mantenga como la fuerza bisagra en el próximo gobierno. Sin un control sólido del legislativo, cualquier aspiración presidencial sería estéril. No obstante, esta estrategia de «atrincheramiento» legislativo no está exenta de nubarrones.
La sombra de las investigaciones: 26 nombres bajo la lupa
Uno de los puntos más críticos que enfrenta la colectividad es la integridad de sus listas. Recientemente, se ha revelado que al menos 26 candidatos liberales al Senado y la Cámara enfrentan investigaciones y acusaciones formales ante la Corte Suprema de Justicia.
Esta situación pone al partido en una posición defensiva. El riesgo de que algunas de sus figuras más votadas terminen inhabilitadas o capturadas en pleno ejercicio de sus funciones legislativas obliga a la dirección nacional a realizar un control de daños preventivo. La decisión de enfocarse en el Congreso busca, en parte, blindar estas candidaturas y asegurar que la base electoral no se desplace hacia fuerzas emergentes o movimientos independientes que han capitalizado el discurso anticorrupción.
El efecto dominó: Cambio Radical y el Partido Conservador
La retirada liberal ha generado un efecto espejo en otras colectividades de la oposición y la independencia. Este mismo viernes, el partido Cambio Radical, liderado por Germán Vargas Lleras, también anunció su renuncia a las consultas de marzo.
A través de un comunicado, Cambio Radical expresó que, tras un análisis interno, han decidido retractarse de su intención inicial de participar en la consulta popular interpartidista para la presidencia. Al igual que el liberalismo, la colectividad vargasllerista prefiere medir sus fuerzas primero en las legislativas para luego entrar a una negociación presidencial con el peso de los votos obtenidos en el Congreso.
Se prevé que el Partido Conservador siga este mismo camino en las próximas horas. Si los tres grandes partidos tradicionales se ausentan de las consultas, marzo se convertirá en un escenario exclusivo para las coaliciones de izquierda (Pacto Histórico) y sectores alternativos o de centro puro, lo que dejaría a la derecha y al centro tradicional en una fase de «hibernación presidencial» hasta después de las legislativas.
El sorteo de los logos: La batalla por el tarjetón
Mientras las cúpulas negocian, la logística electoral sigue su curso. La Registraduría Nacional del Estado Civil llevó a cabo recientemente el sorteo de las posiciones de los logos en los tarjetones para las legislativas.
| Partido / Coalición | Ubicación en el Tarjetón (Senado) |
| Partido Liberal | Zona Superior Derecha |
| Cambio Radical | Zona Media Izquierda |
| Conservadores | Zona Inferior |
| Pacto Histórico | Zona Superior Izquierda |
Esta ubicación es vital para la pedagogía electoral, especialmente en un país con altos índices de votos nulos. Para el Liberalismo, haber quedado en una posición visible es una pequeña victoria logística en su camino a la consolidación parlamentaria.
¿Hacia dónde va el candidato del Liberalismo?
La gran pregunta que queda en el aire es: ¿cómo elegirá el Partido Liberal a su candidato presidencial si no es por consulta? El mecanismo aún no ha sido definido con precisión, pero se barajan tres opciones:
- Encuesta Interna: Un método que permitiría elegir un nombre sin el costo y el riesgo de una votación abierta.
- Convención Nacional: Un retorno a las raíces del partido, donde los delegados regionales deciden el rumbo.
- Adhesión Estratégica: No presentar candidato propio y sumarse a una candidatura de coalición después de marzo, dependiendo de quién salga fortalecido de las otras consultas.
El expresidente César Gaviria, quien ha sido un maestro del equilibrismo político, parece estar apostando a que el «gran elector» no sea una consulta de marzo, sino el volumen de congresistas que su partido logre sentar en el Capitolio. En un sistema político tan fragmentado, quien tenga las llaves del Congreso tendrá, en última instancia, el poder de decidir quién llega a la Casa de Nariño.
Un marzo atípico
El 2026 se perfila como un año electoral atípico. Históricamente, las consultas de marzo servían como una «primera vuelta anticipada» que decantaba los ánimos del país. Sin embargo, con el Liberalismo y Cambio Radical fuera de la foto, el interés se desplazará casi exclusivamente hacia la conformación de las cámaras legislativas.
La apuesta es arriesgada. Al no tener un candidato presidencial visible haciendo campaña en las consultas, estos partidos corren el riesgo de perder protagonismo en el debate nacional. Pero para Gaviria y los suyos, es un riesgo calculado: prefieren un partido con 40 congresistas y sin candidato en marzo, que un partido con un candidato derrotado y una bancada diezmada. La suerte está echada, y el 8 de marzo dictará si este repliegue fue una genialidad táctica o el inicio del fin de la hegemonía liberal en la política colombiana.
