La actual presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, enfrenta un complejo desafío: expulsar a socios estratégicos del negocio petrolero, como Rusia y China, considerados aliados clave por el régimen de Nicolás Maduro. Este dilema surge tras el anuncio de Estados Unidos, liderado por el presidente Donald Trump, de que se apoderará de millones de barriles de petróleo venezolano para su administración.
Trump comunicó que la autoridad interina de Venezuela, que tomó el poder tras la captura de Maduro y su esposa Cilia Flores durante un ataque militar en Caracas, transferiría entre 30 y 50 millones de barriles de crudo «sancionado» a Estados Unidos. Según el presidente estadounidense, el petróleo sería comercializado para beneficiar a Venezuela y a su país. El secretario de Energía, Chris Wright, será el encargado de supervisar esta operación.
Rodríguez, quien se encontraba en el cargo de vicepresidenta y ministra de petróleo antes del ataque, había ofrecido a Estados Unidos una «agenda de cooperación» para fomentar una relación pacífica entre ambas naciones. Sin embargo, tras asumir la presidencia, ella desmintió que Venezuela estuviera bajo el control de «agentes externos», mientras Trump se comprometía a gobernar el país suramericano.
Un analista político que prefirió permanecer en el anonimato, sugirió que Estados Unidos busca generar «fricciones» en las estructuras de poder del chavismo, un fenómeno político conocido como «clivaje». Según este analista, Maduro y Flores controlan un grupo fuerte dentro del chavismo, pero los hermanos Rodríguez también tienen influencia significativa. Esta dinámica interna podría complicar la decisión sobre el destino del petróleo venezolano.
Petróleos de Venezuela (PDVSA) anunció que está en negociaciones con Estados Unidos para vender petróleo bajo «criterios de legalidad y transparencia». Este proceso se asemeja a lo que se tiene con Chevron y se presenta como una transacción comercial.
Rodríguez y su hermano enfrentan la presión de dejar de lado a aliados históricos como China, Rusia, Cuba e Irán, lo que añade una nueva capa de tensión tanto interna como externa. Walter Molina, un experto en ciencias políticas, advirtió que Diosdado Cabello, ministro del Interior y vice del Partido Socialista Unido de Venezuela, podría ser un obstáculo en este nuevo escenario. Cabello ha reafirmado su lealtad a Maduro y ha declarado que no permitirá que el petróleo venezolano se exporte a Estados Unidos si el país es atacado militarmente.
Mientras tanto, Rodríguez ha comenzado a mostrar signos de colaboración con Estados Unidos, incluyendo el nombramiento de Calixto Ortega hijo como vicepresidente del área económica, un ingeniero con formación en economía en Estados Unidos. Esto sugiere que podría haber un acuerdo con la administración Trump para facilitar futuras negociaciones.
El Departamento de Energía de Estados Unidos ha indicado que este plan no solo fortalecerá la seguridad nacional, sino que también podría restaurar a Venezuela como un aliado próspero. Las ganancias de la venta de petróleo serán manejadas por Estados Unidos, asegurando su distribución adecuada, y se prevé que esto pueda llevar al levantamiento de sanciones económicas sobre la industria petrolera venezolana.
Sin embargo, el proceso podría generar fricciones dentro del chavismo, ya que algunas facciones podrían no estar dispuestas a aceptar la influencia estadounidense. La situación es volátil, y la respuesta del pueblo chavista ante estos cambios podría tener un impacto significativo en el futuro político del país.
