Para la captura del presidente depuesto de Venezuela, Nicolás Maduro, fue crucial la colaboración de un infiltrado que formaba parte del círculo más cercano del mandatario. Este individuo fue reclutado por agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), quienes llevaban meses operando en el terreno. Según revela el diario estadounidense The New York Times, la oferta de 50 millones de dólares como recompensa por la captura de Maduro fue un factor determinante para convencer al topo.
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de EE.UU., indicó que la operación se llevó a cabo «después de meses de trabajo de inteligencia para averiguar y entender sus movimientos, dónde vivía, dónde viajaba, qué comía, qué vestía y hasta qué mascotas tenía».
**Una operación meticulosa**
En las bases estadounidenses, los planes se perfeccionaron con una maqueta a escala real del Fuerte Tiuna para practicar la ejecución de la operación. Todo estaba listo desde el 25 de diciembre, día de Navidad, pero se esperó hasta el 3 de enero de 2026 para actuar, asegurándose de que Maduro pasaría la noche en el fuerte. El mandatario venezolano alternaba entre varias residencias, lo que complicaba su captura. Además, se aguardó un clima favorable. El primer paso de la Operación Resolución Absoluta fue dejar a gran parte de Caracas sin electricidad. Según Donald Trump, presidente de EE.UU., «había suficiente visibilidad para que los helicópteros pudieran llegar a los objetivos sin ser detectados». Caine detalló que «los equipos de inteligencia aéreos y terrestres proporcionaban información en tiempo real a las tropas para garantizar un acceso seguro y minimizar los riesgos».
**Sin bajas estadounidenses**
Desde su residencia en Florida, Mar-a-Lago, Trump observó en tiempo real cómo, tras volar la puerta, en aproximadamente cinco minutos capturaron a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, antes de que pudieran refugiarse en un lugar seguro. La operación fue rápida, precisa y sin bajas estadounidenses. En contraste, Caracas confirmó la muerte de 32 soldados cubanos que custodiaban a Maduro, con un total de 80 víctimas entre civiles y militares.
John Sayer, exjefe del MI6 británico, comentó que «estas operaciones requieren muchos meses de planificación».
**Delta Force a la cabeza**
La unidad responsable de la captura de Maduro fue el Primer Destacamento Operativo de Fuerzas Especiales–Delta, conocido como Delta Force, según CBS. Esta unidad del Ejército de EE.UU. tiene un extenso historial de operaciones centradas en objetivos de alta prioridad. Sin embargo, Trump no ha confirmado oficialmente su participación. CBS también informó que participó el 160º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales del Ejército estadounidense. Videos grabados por residentes de Caracas mostraron helicópteros de ataque AH-64 Apache y de transporte CH-47 Chinook. Trump afirmó que la operación se llevó a cabo «con precisión milimétrica».
**Un legado de operaciones**
Delta Force fue establecida en 1977, inspirándose en el Servicio Aéreo Especial (SAS) británico, uno de los cuerpos de operaciones especiales más capacitados del mundo. Su creación tenía como objetivo participar en acciones antiterroristas. La primera misión del Delta Force en 1980, el rescate del personal de la embajada estadounidense en Teherán, fracasó debido a fallos en los helicópteros. Posteriormente se formó el Comando de Operaciones Especiales de EE.UU. (USSOCOM), que agrupa todas las unidades de operaciones especiales de las Fuerzas Armadas. El USSOCOM se encarga de preparar misiones y asegurar la interoperabilidad entre los diferentes cuerpos.
Desde su fundación, Delta Force ha llevado a cabo operaciones de reconocimiento, contraterrorismo, rescate de rehenes y ataques militares de corto alcance, enfocándose en objetivos de alta prioridad. Aunque la información sobre la unidad es clasificada, se estima que está compuesta por una decena de escuadrones con varios cientos de efectivos. Delta Force ha participado en numerosas operaciones significativas, incluyendo la invasión de Granada en 1983, apoyos a los contras en Nicaragua, la captura del presidente panameño Manuel Noriega en 1990, así como diversas operaciones en Afganistán e Irak tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
