Emprendimientos abren el camino de la paz en la costa pacífica nariñense

El cultivo y la transformación del cacao se han convertido en una solución productiva para 4.000 familias afrodescendientes en la costa pacífica de Nariño, quienes han encontrado en esta actividad una vía hacia la paz. Yesenia Montaño, responsable de la dirección de sustitución de cultivos ilícitos con un enfoque étnico, subrayó que la siembra y el procesamiento del cacao pueden servir como modelo para otras regiones del mundo, promoviendo el amor y la paz en contextos marcados por el conflicto.

En el marco del Día Internacional de la Paz, la líder social ha hecho un llamado a todos los pueblos del mundo a invertir sus buenas intenciones en la agricultura y en la sustitución de cultivos ilícitos. Con optimismo, enfatiza que cuando se erradica el rencor del corazón, florece la esperanza de un futuro más brillante. En más de 10 consejos comunitarios, las familias afrodescendientes han comprendido que la siembra de cacao es preferible a los cultivos de coca, promoviendo un ambiente de paz y solidaridad en sus hogares.

La producción de chocolate y otras iniciativas han beneficiado a 364 familias, según Ana Milena Ponce, presidenta de la Asociación de Mujer Afro con Emprendimiento Empresarial del Consejo Comunitario Rescate ‘Las Varas’, al poner fin al sufrimiento causado por la violencia en Tumaco. Los 500 kilos anuales de cacao que producen de las variedades ‘Criollo’ y ‘Universal’ han fortalecido los lazos de amor entre las familias rurales. Sabina Carvajal, Ana Araujo y Dalinda Ospina, integrantes del emprendimiento ‘Agromira’, afirman que la transformación del cacao ha reconciliado a Tumaco.

En la costa pacífica nariñense, las bellas artes también juegan un papel importante en la promoción de la paz. Juan Ortíz, de la corporación cultural y turística Raíces, ha involucrado a más de 1.000 personas de comunidades vulnerables en actividades artísticas para rendir homenaje a la convivencia social. En parques como Colón, Nariño y Caballito Garcés, los grupos culturales deleitan al público con danzas tradicionales como el bambuco viejo y el currulao, celebrando la cultura afrodescendiente.

A través del currulao y la marimba, los danzantes recuerdan a las más de 6.000 mujeres afrodescendientes que han contribuido a sus comunidades, promoviendo la paz a través de la gastronomía local. Estas prácticas no solo refuerzan las relaciones interpersonales, sino que también enseñan al mundo que es posible alcanzar la reconciliación.

En Tumaco, Dayana Bisbicus, consejera de educación del Pueblo Indígena Awá Unipa, menciona que la guerra que antes trajo dolor se ha disipado gracias a la voluntad de más de 800 familias ancestrales y a la preservación de sus tradiciones. Con el baile y la música, han logrado superar el odio, y un grupo de jóvenes indígenas se une al ritmo de la paz.

La corporación cultural Raíces utiliza la música y el canto para transmitir mensajes de paz. Jóvenes del resguardo San Sábalo emplean sus talentos artísticos para promover la paz a través del rap en su lengua nativa, awapit. En su canción «Ishanchirasmin – Kainamtuz», el grupo ‘Los Mensajeros’ reflexiona sobre la importancia de la vida y la paz, destacando la protección de su territorio.

Con esta obra, los jóvenes rechazan la violencia que ha afectado a su pueblo y han comenzado a recuperar su identidad cultural. Ahora, las bellas artes y el cese de la violencia permiten a su comunidad bailar y cantar sin miedo a la estigmatización que enfrentaron en el pasado.

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