Entrevista | Ataques a narcolanchas de Venezuela: «Maduro lo está usando para unir a su círculo interno»

La movilización de marines entrenando para desembarcos anfibios, junto con destructores y aviones estadounidenses en el mar Caribe, ha generado tensiones y controversias políticas y militares. La Casa Blanca justifica estas acciones bajo el pretexto de combatir el narcotráfico que supuestamente dirige Nicolás Maduro desde Venezuela a través del denominado ‘Cartel de los Soles’. Hasta el miércoles, se habían reportado al menos 14 muertes tras la destrucción de tres embarcaciones en aguas internacionales que, según Estados Unidos, transportaban drogas desde Venezuela hacia su territorio. Esta operación ha suscitado críticas del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que advirtió que «el derecho internacional no permite que los gobiernos asesinen a presuntos traficantes de drogas».

Venezuela, por su parte, ha respondido a lo que califica como una operación militar estadounidense de «asedio» movilizando a miles de milicianos y reservistas para entrenamientos militares. Esta movilización se suma a las acciones de al menos 15,000 soldados en operativos antidrogas en la frontera con Colombia y a maniobras en el Caribe venezolano, que incluyen soldados, buques de guerra, drones y artillería, en la misma área donde supuestamente Estados Unidos interceptó un barco atunero venezolano la semana pasada, un incidente que Caracas denuncia pero que no ha sido confirmado por Washington.

Geoff Ramsey, internacionalista del Adrienne Arsht Latin America Center del Atlantic Council, comentó sobre la situación, señalando que el despliegue de tropas de Trump tiene más que ver con enviar una señal de fuerza que con prepararse para una invasión directa. La administración busca fomentar el descontento dentro del Ejército venezolano sin comprometerse a una guerra costosa. Sin embargo, no se ha visto evidencia de deserciones significativas en el círculo de Maduro.

En cuanto a la respuesta de Venezuela, Ramsey considera que la movilización es más simbólica que efectiva, dado que el país cuenta con un sistema de defensa aérea sofisticado. Aunque la movilización de milicias puede parecer una respuesta poderosa, es más un espectáculo político que una verdadera estrategia defensiva.

Respecto a la posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos, Ramsey señala que existe un riesgo real de ataques selectivos, pero una campaña militar amplia sigue siendo poco probable debido a los costos políticos y los riesgos de escalada. Maduro podría estar considerando un «plan B» que involucra un conflicto armado interno si es derrocado, lo que podría desatar una guerra civil prolongada.

Finalmente, Ramsey opina que el aumento de tensiones podría estar teniendo el efecto contrario al deseado en Venezuela, al fortalecer la lealtad de los altos mandos militares hacia Maduro. La administración de Trump podría enfrentar críticas internas por la legalidad de sus acciones, lo que podría complicar su posición política.

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