La empresa estadounidense iRobot, conocida por sus aspiradores Roomba, ha iniciado un proceso de bancarrota voluntaria junto a varias de sus filiales. Fundada en 1990 por un grupo de expertos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, la compañía ha optado por esta alternativa amparada por la Ley de Quiebras de Estados Unidos, en el marco de un acuerdo de reestructuración con la empresa china Shenzen Picea Robotics y Santrum Hong Kong, quienes adquirirán el 100% de las acciones de iRobot.
Durante este proceso de quiebra, que se espera concluir en febrero del próximo año, iRobot continuará operando con normalidad. Según declaraciones de la empresa, este acuerdo es «un paso crucial» para fortalecer su base financiera y permitir su crecimiento a largo plazo. En virtud del acuerdo, Picea, que es el principal prestamista y fabricante de iRobot, asumirá la totalidad de las acciones de la compañía, lo que facilitará su operación y mejorará su estabilidad financiera, además de reducir la deuda y fomentar la innovación en el ámbito de la robótica y dispositivos inteligentes para el hogar.
Una vez finalizada la transacción, iRobot se convertirá en una empresa privada completamente propiedad de Picea, y sus acciones dejarán de cotizar en el Nasdaq Stock Market de Nueva York, donde debutó en 2005. Además, los accionistas actuales no recibirán participación alguna en la nueva entidad reorganizada, lo que implica una pérdida total de su inversión. En este momento, iRobot aguarda la aprobación de su plan de bancarrota por parte del Tribunal del Distrito de Delaware.
La compañía había expresado en marzo pasado «dudas sustanciales» sobre su capacidad para seguir operando, debido a la incertidumbre generada por la competencia, las condiciones macroeconómicas y los altos aranceles, que superan el 40%. «Este anuncio representa un hito clave para asegurar el futuro a largo plazo de iRobot», afirmó Gary Cohen, CEO de la empresa. En enero de 2024, Amazon, el gigante del comercio electrónico, canceló un acuerdo para adquirir iRobot, ya que no se esperaba que la transacción obtuviera la aprobación de los reguladores de la Unión Europea, quienes habían señalado que podría «restringir» la competencia. Tras el fracaso de esa operación, iRobot anunció un plan de reestructuración que incluyó recortes de más del 50% en su plantilla. Finalmente, la deuda acumulada de más de 190 millones de dólares fue la causa determinante de su quiebra.
