El sesgo de género ha sido evidente a lo largo de la historia en la política de alto nivel. Actualmente, solo 28 países cuentan con una mujer al frente de la jefatura de Estado o de Gobierno, mientras que 101 naciones han estado gobernadas únicamente por hombres, según un reciente informe de la Unión Interparlamentaria (UIP) y ONU Mujeres. En este contexto, las Naciones Unidas se enfrenta a un período crucial, especialmente considerando que, aunque la organización celebrará en 2025 sus 80 años de existencia, nunca ha tenido a una mujer como Secretaria General.
En 2016, cuando la comunidad internacional buscaba un reemplazo para Ban Ki Moon, hubo un consenso general de que era el momento propicio para elegir a una mujer. Sin embargo, el elegido fue António Guterres, ex primer ministro portugués. Ahora, diez años después, resurgen las voces que exigen romper el techo de cristal en el escenario del multilateralismo. Susana Malcorra, exministra argentina y una de las candidatas de 2016, señala que había una «sensación de inexorabilidad» en ese momento, ya que había siete nombres femeninos en la mesa. Sin embargo, la oportunidad se perdió.
Con la salida de Guterres, el contexto parece más favorable para que una mujer asuma el cargo, especialmente si se considera la regla no escrita de rotación entre regiones, lo que sugiere que la sucesora debería ser de América Latina. Annalena Baerbock, presidenta de la Asamblea General, ha propuesto el 1 de abril como fecha límite para la presentación de candidaturas, aunque Malcorra advierte que esto puede no ser definitivo y que podrían surgir «sorpresas» en los meses venideros, dado que el proceso está influenciado por diversos intereses.
En esta carrera, los gobiernos son conscientes del delicado equilibrio de poder geográfico, y de las cinco candidaturas confirmadas, cuatro son de personalidades latinoamericanas: Michelle Bachelet de Chile, Rebeca Grynspan de Costa Rica y Virginia Gamba de Argentina, todas con experiencia previa en la ONU. Bachelet ha sido mencionada repetidamente como una de las favoritas debido a su amplia trayectoria, que incluye dos mandatos presidenciales en Chile y su papel como Alta Comisionada para los Derechos Humanos.
Sin embargo, su candidatura ha encontrado un obstáculo inesperado: el Gobierno del ultraderechista José Antonio Kast ha retirado su apoyo, aunque México y Brasil siguen respaldando a sus candidatas. La lista también incluye a Rafael Grossi, actual director general del OIEA, y a Macky Sall, expresidente senegalés, postulado por Burundi, aunque sus posibilidades son limitadas.
Malcorra, quien apoya la campaña GWL Voices para promover la representación femenina en esferas de poder, enfatiza que no se trata solo de cuotas, sino de reconocer los méritos de las mujeres en la contienda. La exministra subraya que, independientemente del género, quien asuma el liderazgo de la ONU debe tener un perfil adecuado y sólidos principios, especialmente en un contexto global marcado por conflictos.
La Carta de las Naciones Unidas consagra la igualdad de género desde 1945, y Malcorra sostiene que un cambio histórico en la Secretaría General podría generar un renovado interés en la ONU, actuando como un faro para los Estados miembros. Sin embargo, la última palabra recae en los países, y aunque hay una creciente aceptación de que una mujer lideraría la organización, no todas las potencias están de acuerdo. Estados Unidos, por ejemplo, ha dejado claro que buscará un candidato basado en méritos y no en el género, en línea con su postura tradicional.
Mientras tanto, el Gobierno español ha manifestado su apoyo a que el próximo Secretario General sea una mujer de América Latina y el Caribe, insistiendo en la necesidad de que las instituciones internacionales reflejen la diversidad de las sociedades actuales. Si para el 1 de enero Guterres no entrega el mando a una mujer, Malcorra no dudará en sentir que se ha perdido una oportunidad valiosa.
