Es un viaje hacia un futuro donde el éxito no se mide por la distancia recorrida, sino por el arraigo a la tierra. En el corazón de la Mixteca, esa búsqueda de significado resuena con la historia de Iván García, un ingeniero agroindustrial que ha decidido regresar a sus raíces. La niebla que cubre la Cañada Sur de Putla simboliza la neblina de la incertidumbre que muchos sienten al enfrentar el dilema de la migración. Sin embargo, Iván optó por desafiar esa tendencia y regresar a Guadalupe Nuevo Tenochtitlán, donde sus abuelos cultivaron cacao.
El regreso de Iván no fue solo un regreso físico, sino un renacer de la esperanza. Recordando las 15 plantas de cacao que quedaban en la huerta familiar, se sintió impulsado a revitalizar la herencia de su abuelo. Mientras trabajaba en Estados Unidos, cuidando jardines ajenos, sus pensamientos siempre volvieron a la tierra que lo vio crecer. La chispa de una conversación en la radio sobre un proyecto de chocolate artesanal encendió su determinación.
Al regresar y compartir su visión con su padre, Néstor, encontró en él un aliado inquebrantable. Juntos, comenzaron a reconstruir la huerta, aprendiendo sobre el cultivo de cacao y enfrentando desafíos como plagas y sequías. Con el apoyo de Germán Santillan, quien los guió en el proceso, Iván y su padre transformaron su pequeña herencia en una finca próspera, OttoBely.
Hoy, esa finca no solo produce cacao, sino que se ha convertido en un centro de capacitación para jóvenes de la comunidad, rompiendo el ciclo de migración y pobreza. Iván cree firmemente en el potencial de su tierra y en la importancia de empoderar a la juventud local. Cada consejo que comparte, cada planta que revive, es un paso hacia un futuro donde la Mixteca vuelva a ser un referente del cacao. La historia de Iván es un testimonio de resiliencia y amor por la tierra, un recordatorio de que el éxito puede encontrarse en el hogar.
