Ricardo Miró

Ricardo Miró

¡Patria! te adoro en mi silencio mudo,
y temo profanar tu nombre santo.
Por ti he gozado y padecido tanto
cuanto lengua mortal decir no pudo.

No te pido el amparo de tu escudo,
sino la dulce sombra de tu manto:
quiero en tu seno derramar mi llanto,
vivir, morir en ti pobre y desnudo.

Ni poder, ni esplendor, ni lozanía,
son razones de amar. Otro es el lazo
que nadie, nunca, desatar podría.

Amo yo por instinto tu regazo,
Madre eres tú de la familia mía;
¡Patria! de tus entrañas soy pedazo.

La Voz Eterna de la Nostalgia Panameña
​Ricardo Miró Denis (Ciudad de Panamá, 1883-1940) no es simplemente un poeta en la historia literaria de Panamá; es, por aclamación popular y académica, la voz lírica fundacional de la nación. Su legado trasciende la poesía, consolidándolo como el «Poeta Nacional» por excelencia y el intérprete más sensible del alma istmeña.
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​Nacido a finales del siglo XIX, Miró cultivó un perfil de intelectual completo: fue poeta, escritor y diplomático. Aunque inicialmente se inclinó por el estudio de la pintura en Bogotá, su vida se reorientó hacia las letras, una senda que lo llevaría a ocupar importantes cargos diplomáticos en Europa.
​Fue precisamente el tiempo de distancia de su tierra, durante sus misiones en ciudades como Barcelona y Marsella, lo que forjó el tono melancólico y profundamente arraigado de su obra. Esta separación geográfica no hizo más que intensificar su conciencia patriótica, convirtiendo el recuerdo en su principal musa. De vuelta en Panamá, su influencia se materializó al ser nombrado Secretario Perpetuo de la Academia Panameña de la Lengua. Su trascendencia póstuma es tal que el máximo galardón literario del país, el Premio Ricardo Miró, lleva su nombre.

​Si hay un poema que encapsula la sensibilidad de la identidad panameña, ese es «Patria» (1909). Escrito en la lejanía, este texto no es solo un conjunto de versos, sino un acto de afirmación emocional sobre la geografía y la memoria.
​Miró transforma la aparente «pequeñez» territorial de Panamá en una virtud inmensa y portable, usando una metáfora poderosa que ha resonado por generaciones.
​El poema define a la patria no como un concepto político abstracto, sino como una «memoria afectiva»: los «viejos senderos», los «árboles antiguos» y el «huerto» personal. Con esta visión, Ricardo Miró no solo le dio a Panamá su mayor joya poética, sino que legó un himno a la nostalgia y un mapa emocional para llevar la nación, pequeña y entera, «dentro del corazón».

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